Artista: Clawfinger
Album: Before We All Die
Fecha lanzamiento: 20 de Febrero de 2026
Sello: Perception (Reigning Phoenix Music)
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Casi dos décadas después de su último álbum de estudio, los pioneros suecos del rap metal regresan con Before We All Die, un disco ruidoso, furioso, mordaz y profundamente crítico a nivel social, impulsado por la misma energía que en los años noventa los convirtió en uno de los grandes referentes del rap metal europeo, cuando el género aún no había alcanzado su gran popularidad internacional.
Desde su debut Deaf Dumb Blind (1993), Clawfinger supieron combinar riffs de metal agresivos, bases rítmicas cercanas al hip hop y vocales rap con letras de denuncia social directa. Nunca fueron sutiles, pero tampoco lo pretendían: incómodos, políticos y frontalmente conectados con la realidad que les rodeaba. Tras Life Will Kill You (2007), la banda entró en un prolongado silencio discográfico, lo que hacía inevitable que este regreso viniera acompañado de no pocas dudas y expectativas a la hora de valorar su verdadero alcance.
Vivimos en un mundo cambiante en el que, en apenas cinco años, la realidad política, social y tecnológica se ha transformado de forma radical. Sirva como referencia que cuando Clawfinger publicaron su último álbum de estudio, los smartphones todavía no formaban parte de nuestra vida cotidiana. Las tendencias musicales, dentro y fuera del metal, también han cambiado de manera sustancial desde entonces. ¿Seguirían siendo vigentes? ¿Habrían adaptado su sonido a los tiempos modernos?
Cierto es que la banda llevaba tiempo dejando pistas en forma de sencillos desde el 2017, año en el que lanzó ‘Save Our Souls’, un primer regreso puntual al panorama discográfico tras haber anunciado su separación. Le siguió ‘Tear You Down’ en 2019, y tuvieron que pasar otros tres años, y una pandemia de por medio, para que viera la luz ‘Environmental Patients’ en 2022. Todos estos temas se movían claramente dentro de su rap metal característico, dejando patente que la esencia de Clawfinger permanecía intacta.
Llegamos a 2025, tras varios años en los que la actividad en directo de Clawfinger ha ido claramente in crescendo, especialmente en el circuito de festivales, y la banda despeja cualquier duda anunciando Before We All Die como nuevo redondo y la firma con Perception, sello perteneciente al grupo Reigning Phoenix Music, en un movimiento que subraya la voluntad del grupo de situar su regreso en un marco plenamente actual y alineado con la escena contemporánea.
Todo esto aderezado con la publicación de ‘Scum’ como primer adelanto oficial, acompañado del correspondiente videoclip. Bastaron unos segundos de escucha para comprobar que sigue sin haber lugar para medias tintas: el álbum estalla desde el primer compás como si la banda nunca se hubiera detenido. Clawfinger regresan sin renunciar ni a su identidad crítica ni a su característica mezcla de estilos, firmando un trabajo que se inscribe de lleno en un presente en el que el metal sigue encontrando motivos de sobra para alzar la voz. Y es que, por desgracia, el momento histórico en el que irrumpe Before We All Die hace más necesario que nunca un discurso combativo, incómodo y políticamente explícito, como contrapeso a un clima reaccionario cada vez más normalizado a escala global.
Entrando ya en materia, el álbum se compone de doce cortes directos, con duraciones que rondan los tres o cuatro minutos, un esquema 100% fiel al estilo clásico de la banda. Sin sorpresas estructurales, pero con las ideas muy claras (¡y muy mala leche!). Ahora sí, vamos con los temas. ‘Scum’ abre fuego con una auténtica bofetada de contundencia que se sitúa más cerca del thrash que del rap metal clásico de la banda. Es una declaración de intenciones sin rodeos, tanto en lo musical como en lo lírico: guitarras afiladas, ritmo marcial y una interpretación vocal de Zak Tell cargada de agresividad, que escupe cada sílaba con desprecio calculado.
En el plano textual, el ataque es frontal y explícito contra el trumpismo y, por extensión, contra la normalización de la corrupción moral, el sexismo y la estupidez orgullosa como forma de poder. Aquí no hay metáforas ni dobles lecturas: la gorra roja tirada en el suelo (inicio del video musical) dice exactamente lo mismo que la letra grita. Por si fuera poco, musicalmente el tema remata con uno de los momentos más memorables del disco: un fade out de todos los instrumentos que deja a Zak gritando “Scuuuuuuum!” más de diez segundos, seguido por un discurso final del “protagonista” de la canción, abruptamente interrumpido. Un cierre tan incómodo como brillante, puro metal noventero sin concesiones, donde la vertiente rap apenas asoma. No se puede empezar mejor (si adoras esta faceta más cañera).
‘Ball & Chain’ baja ligeramente las revoluciones sin perder intensidad. Arranca con un riff pesado y denso que deriva hacia un medio tiempo desde el que la línea vocal nos regala fraseos más cercanos al rap, junto a un estribillo cantado que flirtea levemente con la comercialidad (un recurso que veremos más veces a lo largo del álbum). De nuevo, el cierre apuesta por la contención, con la voz de Zak Tell en registro casi susurrado acaparando el foco mientras el resto de los instrumentos se van desvaneciendo progresivamente.
Viajando seis años atrás en el tiempo, ‘Tear You Down’ se cuela en el disco como uno de los cortes más claramente anclados en los Clawfinger ‘de siempre’. Más rap metal en su estructura y enfoque, el tema funciona como una pieza reconocible y efectiva, con ecos inevitables de algunas de las facetas más agresivas de Faith No More (al fin y al cabo son coetáneos, y creo que estaremos de acuerdo en que no puede haber mejor piropo).
Con un mayor protagonismo de las voces y una base más atmosférica apoyada en teclados, Zak Tell opta aquí por un registro más contenido e íntimo, reservando el empuje de las guitarras para el estribillo. Es una tempestad de groove que funciona y convence, pero se percibe con claridad que procede de otro momento creativo, integrado con oficio en un disco que, por lo demás, debería mirar de forma más decidida hacia adelante (es, probablemente, la única pega que puede ponérsele).
En consonancia con esto, ‘Big Brother’ amplifica el enfoque más industrial, recordando a la última etapa de la banda, y presenta un estribillo machacón que, tras unas cuantas escuchas (ese “Big Brother is Watching You!”), se te incrusta en la cabeza para no salir jamás. Su planteamiento temático llama la atención de inmediato: en pleno 2026 resulta cuanto menos curioso encontrarse con una crítica a un formato televisivo que lleva entre nosotros más de un cuarto de siglo. Sin embargo, el discurso sigue vigente: la deriva del concepto original hacia una proliferación de reality shows cada vez más degradantes mantiene intacta la pertinencia del mensaje. Musicalmente, estamos ante uno de los cortes más sólidos del álbum: directo, efectivo y plenamente alineado con el Clawfinger más reconocible.
En ‘Linked Together’ gana protagonismo la guitarra con un riff grave y muy distorsionado, sobre una estructura que recuerda a cortes anteriores, pero sostenida por un groove especialmente contundente. Estamos ante uno de los temas que mejor se perciben como auténticamente nuevos dentro del álbum, construido alrededor de un estribillo claramente pegadizo que engancha con facilidad desde la primera escucha. Es cierto que apuesta por una intensidad más contenida, pero incluso con esa bajada de agresividad mantiene el interés gracias a su solidez rítmica y a un planteamiento en el que la fusión entre las partes rap y metal alcanza un equilibrio especialmente logrado, reivindicando con naturalidad la etiqueta rap metal que ha acompañado a Clawfinger desde sus inicios.
Sin duda, ‘A Perfect Day’ será uno de los cortes más divisivos del álbum. Mucho más anclado en un hip hop “old school”, se construye sobre una base rítmica sencilla sobre la que la voz de Zak rima de forma casi ininterrumpida. El resultado supone un bajón relativo en términos de intensidad, aunque, en mi opinión, no desentona ni sobra dentro del conjunto. Funciona casi como la antítesis de ‘Scum’ y transmite la sensación de que la banda, en este álbum, está tocando todas las teclas posibles para comprobar cómo encajan en estos nuevos tiempos. Especialmente destacable es el tramo final, donde la base rítmica se va diluyendo, la voz gana cuerpo a través de efectos y un inquietante uso de sintetizadores eleva la tensión hasta rozar un jump scare sonoro. Puede gustar más o menos, pero cumple su función dentro del disco.
El último adelanto antes del lanzamiento, ‘Going Down (Like Titanic)’, se erige como uno de los cortes más representativos de Before We All Die y, muy probablemente, como el estribillo más pegadizo del álbum (esto lo hemos dicho ya unas cuantas veces). Como comentario general, la sensación global es que el disco aplica un filtro de notable comercialidad, pero sin perder filo. Las guitarras recuperan presencia, aunque la base sigue siendo netamente rapera, y aquí son los teclados y efectos de sintetizador, a cargo de Jocke Skog, los que terminan de moldear la personalidad del tema.
Muy presentes también los scratches, que refuerzan el ADN rap del grupo, y los efectos de voz metalizada, que aportan un aire mecánico e industrial especialmente efectivo. Todo ello sostiene una metáfora tan evidente como certera: seguimos bailando mientras el barco se hunde. Casi sin discusión, uno de los puntos álgidos del disco… y, en lo personal, una de mis claras favoritas.
‘You Call Yourself a Teacher’ recupera la tralla y el protagonismo de la guitarra, con un riff sencillo pero demoledor que gobierna todo el tema. La base rítmica, de la que hasta ahora apenas hemos hablado, brilla con especial fuerza, (algo que, en el caso de Clawfinger, casi se da por descontado), aportando un pulso sólido que sostiene la canción. Es el tema más corto del disco y se aleja ligeramente del groove y del rap, aunque sin abandonarlos del todo. De nuevo, Zak rompe la voz al final con un grito profundo, un recurso que parece haberse consolidado como sello de esta nueva etapa.
La tensión se relaja en el inicio casi susurrado de ‘A Fucking Disgrace’, un tema en el que lo primero que llama la atención son los teclados que evocan un ambiente ‘Far West’, y combinados con la habitual agresividad de la banda. Este guiño, junto a la irreverencia y el sentido del humor que siempre han acompañado a Clawfinger, subraya que el grupo no ha perdido su carácter lúdico. La canción deriva rápidamente hacia un medio tiempo contundente, con un estribillo casi pandémico en el que la repetición del título actúa como gancho inmediato. Una auténtica joya que habría funcionado de forma impecable como single de adelanto.
‘Kill The Dream’ es un tema más centrado en la parte electrónica, que pasa un poco más desapercibido frente a la intensidad de otros cortes. En cambio, ‘Environmental Patients’, otro adelanto del disco, nos devuelve a Clawfinger en estado puro: estructuras directas, sencillas, pero que generan impacto y dinamismo con pura fuerza cruda. Este tema, en mi opinión, debería incorporarse de inmediato a sus directos, por la energía que transmite. El círculo se cierra con el corte homónimo, ‘Before We All Die’, un final a la altura del arranque del disco: rápido, crudo y con ese toque trash tan efectivo. Los arreglos de sintetizador están inteligentemente diseñados para aportar solemnidad sin restar agresividad, logrando un cierre potente, trabajado y memorable.
Clawfinger no han vuelto para seguir modas pasajeras, sino para recordarnos que el metal también puede (y debe) ser un vehículo de crítica social, honestidad brutal y confrontación directa con la realidad. En este álbum, la banda ha decidido diluir la senda más experimental e íntima de su disco de 2007 y centrarse en su vertiente más metalera, sin asumir riesgos estilísticos innecesarios, pero con un enfoque preciso y contundente. La producción es impecable: todo suena potente, nítido y afilado, con un nivel de claridad y fuerza que pocas veces habían logrado.
Musicalmente, Before We All Die funciona como una máquina del tiempo que nos devuelve al inicio del milenio; un mensaje plenamente vigente, aunque su encaje en la escena actual sea una incógnita. No obstante, nos atrevemos a vaticinar que su verdadero triunfo será otro: certificar que el espíritu de Clawfinger vive y se expande en el escenario. Este disco se percibe, ante todo, como la promesa de un directo arrollador, donde la energía y la conexión con el público superarán con creces lo capturado en el estudio. Y esa, precisamente, será la señal definitiva de lo necesario que era este retorno.
Dr. Reifstein




