Artista: TRIOSPHERE
Álbum: Oceans Above, Stars Below
Sello: Frontiers Music
Fecha lanzamiento: 28 de agosto de 2026
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Doce años. Se dice pronto. Ese es el tiempo que ha transcurrido desde que Triosphere publicó The Heart of the Matter en 2014 hasta la llegada de Oceans Above, Stars Below, cuarto trabajo de los noruegos y primero para Frontiers Music. La cifra, sin embargo, cuenta una historia algo engañosa. Triosphere nunca llegó a desaparecer. La banda siguió tocando y componiendo durante esos años.
El plan original era comenzar la grabación a principios de 2020, justo cuando la pandemia decidió cambiar los planes de medio planeta. Las sesiones pudieron arrancar finalmente en 2022 y el disco terminó de mezclarse a finales de 2024. Después llegó otro inconveniente: su sello de entonces dejó de publicar nuevos trabajos y tocó buscar una nueva casa. Así se entiende algo mejor una espera que, vista únicamente desde fuera, parecía casi un silencio. Lo interesante es comprobar qué ha ocurrido musicalmente durante todo ese tiempo.
Hay algo que queda claro muy pronto en Oceans Above, Stars Below : Triosphere sigue jugando en primera división en cuanto a ejecución y capacidad compositiva. Y voy a empezar con una pequeña pega: durante parte del disco resulta relativamente sencillo anticipar las reglas del juego. Algunos de sus mejores momentos aparecen precisamente cuando esas reglas se vuelven menos visibles. Jens Bogren vuelve a encargarse de la mezcla en Fascination Street Studios. Esta vez Triosphere grabó allí también batería y voces junto a Alexander Backlund, mientras guitarras y bajos se registraron posteriormente en Noruega. El grupo estuvo bastante más unido durante el proceso de lo que podría sugerir un disco gestado
durante tantos años: las sesiones principales se realizaron conjuntamente y para la mezcla volvieron a reunirse en el estudio.
El resultado es sin duda excelente. Las guitarras ocupan muchísimo espacio, como deben hacerlo aquí, pero los arreglos vocales y los sintetizadores encuentran hueco. La batería de Kenneth Tårneby merece además una mención. Lleva en Triosphere desde 2014, pero este es su primer álbum de estudio con la banda. A estas alturas ya está claro que no ha llegado únicamente para reproducir lo que había antes.
‘Premonition’ abre el álbum sin prisas. Una guitarra prácticamente desnuda comienza dibujando el paisaje y pronto encuentra el oportuno colchón de sintetizadores, construyendo una atmósfera evocadora en la que la magnífica portada de Giannis Nakos parece encontrar su banda sonora. Hay algo de misticismo en esos primeros segundos y la épica llega después, cuando entra la base rítmica y la guitarra se endurece progresivamente hasta dejarnos a las puertas de lo que está por venir. La introducción instrumental no descubre América, pero sus 1 minuto y 32 segundos están aprovechados con bastante inteligencia.
Y entonces llega ‘Of Tyrants’, entrando de lleno en uno de los territorios más reconocibles de Triosphere. La banda enlaza la introducción atmosférica con un corte veloz impulsado por un riff que recupera una de sus caras más agresivas y deja asomar unas raíces thrash que probablemente nunca habían desaparecido.
Curiosamente, ‘Monster’s Ball’ fue durante un tiempo la candidata a abrir el disco, pero el grupo cambió de idea al terminar las voces de ‘Of Tyrants’. Marius Bergesen la define además como la canción más thrash del álbum. Cuesta discutirle cualquiera de las dos cosas.
Cuando entra Ida Haukland, el tema termina de asentarse. Tiene fuerza de sobra, aunque administra la voz con bastante más criterio que tantos cantantes empeñados en demostrar sus facultades cada veinte segundos. Tampoco todo va a ser velocidad. La canción encuentra un pequeño remanso antes de la parte instrumental, con los sintetizadores dejando algo más de espacio y unas guitarras que enseñan técnica sin
convertir aquello en un concurso. El enlace posterior con la voz de Ida está especialmente bien medido, mientras la batería vuelve a incrementar la agresividad camino del estribillo. Pieza de relojería noruega fina y muy buen comienzo. Como anécdota, ‘Of Tyrants’ fue también uno de los adelantos, acompañado por un vídeo bastante cuidado en el que Haukland disputa una partida de ajedrez contra la figura del tirano. La idea encaja bien con una letra construida alrededor del poder y la manipulación. Una partida de ajedrez tampoco va a revolucionar el lenguaje audiovisual, pero aquí tiene sentido. Me sigue pareciendo bastante mejor que colocar a cuatro músicos en un almacén lleno de humo porque toca hacer videoclip.
A continuación, el tema titular, ‘Oceans Above, Stars Below’, arranca con una construcción que inicialmente puede despertar sensaciones similares, aunque pronto encuentra una identidad bastante más inmediata gracias a uno de los estribillos que mejor entran del álbum. El título procede de una imagen tomada del universo literario de Andrzej Sapkowski: confundir las estrellas reflejadas sobre el agua con las que realmente están en el cielo. Ida Haukland llevó esa idea hacia la percepción y esos momentos de confusión en los que las cosas dejan de ser como pensábamos. No hace falta conocer el origen para disfrutar la canción, aunque ayuda a entender esa combinación de luminosidad y cierta sensación de extrañeza que recorre el tema. Solo llevamos dos canciones propiamente dichas después de la introducción y ya empieza a aparecer una sensación que cuesta quitarse de encima.
Oceans Above, Stars Below tiene una factura excelente y está interpretado por músicos cuya capacidad está fuera de toda duda, pero la sorpresa aparece con menor frecuencia. Con la excepción del luminoso estribillo, catapultado hacia ese océano-cielo por Ida , buena parte de los halagos dedicados a ‘Of Tyrants’ pueden trasladarse aquí. Y voy a intentar contenerme a partir de ahora con Haukland. Podría dedicar una frase en cada canción a su color de voz o a la forma en que domina melodías que sobre el papel no siempre parecen sencillas, pero la crítica terminaría pareciendo su currículum. Sirva esta vez para las siguientes.
‘Monster’s Ball’ aumenta las revoluciones y permite que Haukland enseñe algo más los dientes. Está prácticamente pidiendo escenario, incluido ese único “Hey!” lanzado con suficiente intención como para imaginarlo alargado en directo mientras el público aporta el suyo. Mientras tomaba las primeras notas apunté que mi apuesta era que acabaría formando parte del repertorio de Triosphere. Después fui a comprobarlo y,? efectivamente, en uno de sus sets cortos de festival ha sido una de las agraciadas del nuevo álbum. Que conste que la predicción fue anterior a la comprobación.
También entiendo por qué durante un tiempo pensaron en utilizarla como apertura. Tiene la energía necesaria. Escuchado el disco completo, sigo prefiriendo que ‘Of Tyrants’ le ganara el puesto. En su zona instrumental vuelve a jugar con un contraste parecido: sintetizadores más relajados, una guitarra bastante contenida y, justo cuando empieza a parecer que la intensidad va a caer, entra el doble bombo de Kenneth Tårneby para empujar de nuevo el tema. Lo hace en el momento justo y sin necesidad de anunciar su llegada con fuegos artificiales.
‘Through The Phantom Wall’ empieza a abrir algo más el paisaje. El primer medio minuto podría hacernos pensar exactamente lo contrario, pero después el tempo se relaja y la sección instrumental permite respirar mediante pasajes más calmados y luminosos. Que nadie se haga demasiadas ilusiones: seguimos bastante lejos de la balada o del medio tiempo. Este océano estrellado continúa siendo un lugar bastante cañero. Aquí empieza a perfilarse uno de los aspectos que más me interesan de Oceans Above, Stars Below. Triosphere puede interpretar metal veloz y melódico a un nivel que está al alcance de pocos. Cuando deja un poco más de aire alrededor de esa capacidad técnica, las canciones ganan. ‘Through The Phantom Wall’ destaca especialmente en lo instrumental y probablemente sea una de las composiciones que más tardan en entregarse por completo. Bergesen la ha citado entre sus favoritas y admite que tocarla resulta especialmente complicado. Se nota en la cantidad de pequeñas cosas que van sucediendo por debajo de la estructura principal. Es de digestión lenta.
‘Shorelines’ sirve como ejemplo desde la dirección opuesta. Durante la composición tuvo un título provisional bastante menos poético: The Happy Song. No hace falta estudiar Musicología para entender el motivo. Tiene bastante parentesco con el tema titular, aunque ‘Oceans Above, Stars Below’ utiliza una expresión musical más dramática y ‘Shorelines’ va de frente con su luminosidad. Aquí no hay demasiadas
dudas sobre el estado de ánimo que pretende transmitir. Llamadme moñas, pero a día de hoy se alza con el título de mi favorita. Su luminosidad ayuda, claro, pero lo que más me gusta es el encaje de las piezas. Todo parece estar colocado en el lugar exacto y, por primera vez desde el comienzo del álbum, desaparece casi por completo esa pequeña sensación de previsibilidad que venía arrastrando.
‘Lightning In A Bottle’ recupera intensidad desde el primer momento con unas guitarras dobladas bastante arquetípicas del género, recurso que reaparecerá también en el estribillo. Ida relaja ligeramente su ataque y encaja bien con una canción que, comparada con lo anterior, parece concedernos algún centímetro más de espacio. A estas alturas empieza a aparecer una sensación física bastante curiosa: los noruegos apenas dan tregua. Contundencia y velocidad se están moviendo dentro de unos parámetros sorprendentemente estrechos. Digamos que el ‘cañómetro’ lleva buena parte del álbum oscilando entre 90 y 100.
Será la edad, pero empiezo a notar que me falta el aire, aunque sigo disfrutando mientras llegamos a ‘Encore’, que por fin nos concede un descanso. Dentro de un álbum compuesto mayoritariamente por canciones bastante concisas, descontando obviamente la introducción, ‘Encore’ es el corte más breve y ocupa el espacio que podríamos asociar a la balada. Por suerte, evita convertirse en la habitual power ballad empeñada en recordarnos cada treinta segundos que ha llegado el momento de
emocionarnos. También aparece en el punto adecuado del tracklist . Después de tanta presión, bajar las revoluciones durante unos minutos permite escuchar el disco desde otro ángulo. Nos habíamos olvidado de que Ida también sabe cantar así. La voz pierde agresividad, gana calidez y deja aparecer otros colores sin que la interpretación se vuelva empalagosa. Personalmente, necesitaba este descanso, y creo que han sabido dónde colocarlo.
‘Encore’ también termina haciendo más visible algo que el disco viene insinuando desde hace varias canciones. Cuando Triosphere cambia estructuras, reduce velocidades o deja huecos entre las capas instrumentales, Oceans Above, Stars Below ofrece más posibilidades, aunque después llega ‘Embers’ y regresamos en cierta medida al manual.
No encuentro nada especialmente reprochable en la canción. Se escucha con facilidad y está ejecutada con el nivel que cabe esperar de la banda. A estas alturas, sin embargo, algunas soluciones empiezan a resultar demasiado familiares. Tener una fórmula tan bien construida hace también mucho más sencillo detectar cuándo vuelve a utilizarse. Eso sería un problema bastante más serio con canciones peores, pero aquí estamos hablando de músicos que saben construir riffs y melodías de calidad con una facilidad poco habitual. La precisión instrumental rara vez entra en discusión y la producción permite escuchar cada elemento sin que las guitarras terminen sepultando las voces.
‘Orpheus’ Bane’ parte del mito de Orfeo y Eurídice y fue una de las debilidades de Haukland durante la gestación del disco. El comienzo, sin embargo, es bastante más terrenal: un bajo cabalgante que hasta ahora había sabido hacerse su hueco en el conjunto y que aquí, casi por primera vez, exige atención.
Ida sube un punto la agresividad en las líneas vocales fuera del estribillo. El propio estribillo vuelve a ser marca de la casa, aunque quizá en este tema luzca un poco menos. Aparecen también coros de fondo, sutiles y bien introducidos. En la parte instrumental llega el habitual solo rápido y ciertamente técnico, pero casi me quedo con el ambiente que se genera justo antes de que aparezca. Por posición en el disco
esperaba el típico tema de relleno (prejuicios de quien escucha demasiados álbumes completos), y ha acabado siendo uno de los que más me ha sorprendido.?
‘Cadence Of Chaos’ se toma algo más de tiempo y roza los seis minutos. Sus coros muestran una cara menos agresiva y en los compases finales la velocidad cede terreno. El minutaje extra no hace que la coloque por encima de las canciones anteriores, aunque el trabajo de guitarras deja uno de los mejores momentos del álbum: la transición desde los solos al último estribillo está resuelta con una naturalidad enorme. El cierre sí aprovecha esos minutos. La voz aparece casi en plan coral, rodeada de teclados, y todo se va apagando progresivamente. Me sigue pareciendo un buen tema, pero queda algo escondido entre piezas que me han llamado más la atención. Es la tempestad final antes de la calma.
Y esa calma llega con ‘Gjenklang’ . Su título noruego puede traducirse como ‘eco’, ‘resonancia’ o ‘reverberación’, y pocas denominaciones podrían resultar más apropiadas para cerrar el disco. La pieza instrumental recupera motivos y melodías que habían aparecido anteriormente, incluidas líneas asociadas a las voces, y las devuelve transformadas como un bello epílogo a base de piano, violín y arreglos
orquestales. Ahora entendemos el título.
El recurso tiene precedentes claros (¿a alguien le suena ‘Gate XIII’ , de Angra ?) y aquí funciona porque ‘Gjenklang’ no parece un apéndice pegado al final. Las melodías vuelven reconocibles, pero desplazadas de contexto, casi como si el álbum sonara desde otra habitación. Es uno de los detalles que más me gustan del cierre. Después de doce años, Triosphere no parece una banda que haya tenido que aprender otra vez cómo hacer un disco.
Oceans Above, Stars Below está construido con una seguridad que por momentos juega a favor y por momentos limita la sorpresa. Mis pasajes favoritos aparecen cuando bajan unas revoluciones, dejan respirar los arreglos o se permiten una solución menos prevista. Ahí están ‘Shorelines’, ‘Through The Phantom Wall’, ‘Orpheus’ Bane’ y ese eco final de ‘Gjenklang’.
El grupo ya ha adelantado que la próxima espera será mucho más corta. Mejor. Para el quinto me interesa especialmente una cosa: cuánto se permiten complicarse la vida. El nivel, a estas alturas, es lo que menos me preocupa.
Puedes leer una amplia entrevista con a banda AQUÍ, o ver el vídeo de la charla AQUÍ.
Dr. Reifstein




