Marenostrum Fuengirola – Viernes 28 de Agosto de 2026
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Todo el metal a la vez de todas partes
Si la primera jornada ya había dejado claro que Sun & Thunder no tenía demasiado interés en encerrarse dentro de un único estilo, el viernes terminó de confirmar que esa heterogeneidad iba camino de convertirse en una de las señas de identidad del cartel. Además del metal vikingo y de vocación épica de Sovengar y la mezcla de hardcore y groove de Vendetta FM por la parte nacional, en apenas unas horas pasaron por el mismo escenario el heavy metal épico de All For Metal, el thrash de Destruction, el espectáculo casi circense de Lordi y la oscuridad mucho más contenida de Gaerea. España, Alemania, Portugal, Finlandia e Italia encontrándose durante unas horas sobre el mismo escenario, sin que eso fuera Eurovisión (aunque tuviéramos un ganador en el cartel).
La afluencia seguía siendo bastante discreta, aunque algo mayor que el día anterior, y el recinto volvía a ofrecer esa sensación de festival todavía con margen para crecer delante del escenario. En mi caso, seguía recuperándome de ese virus raro que me olpeo el jueves, lo que hizo que me perdiese las dos primeras actuaciones. Por suerte, el cuerpo fue dando tregua a lo largo del día y pude llegar ya bastante recuperado para All For Metal.
All For Metal llegaban rodeados de cierta incertidumbre. Apenas once días antes del festival, Fabiola “Sheena” Bellomo y Ursula Zanichelli, las dos guitarristas de la formación, habían anunciado su salida por diferencias organizativas y artísticas, obligando al grupo a recomponer el directo prácticamente sobre la marcha. En Fuengirola optaron por simplificar la fórmula y cubrir con una sola guitarra el espacio que hasta entonces ocupaban dos, todo ello con Amerigo Vitiello todavía asentándose como vocalista tras su incorporación unos meses antes. Sobre el papel había motivos suficientes para esperar un concierto de transición; sobre el escenario ocurrió justo lo contrario. La banda salió adelante sin aparentes titubeos y consiguió que todos aquellos cambios terminaran pareciendo casi una nota al margen.

Con Tim "Tetzel" Schmidt y Amerigo Vitiello asumiendo buena parte del peso escénico, All For Metal desplegaron ese heavy metal de vocación épica que acompaña a una imagen deliberadamente exagerada. Aquí tampoco hay demasiado espacio para la sutileza. Hay músculo, poses, brazos en alto y canciones construidas para conseguir una reacción inmediata. Y, teniendo en cuenta el sol que todavía castigaba Fuengirola a esas horas, lo de enseñar músculo tenía incluso mérito.
Buena parte del atractivo actual del grupo reside precisamente en sus dos vocalistas. Tetzel y Vitiello ocupan muchísimo espacio sobre el escenario, no solo por una cuestión física, que también, sino porque prácticamente todo el concierto gira alrededor de su interacción. Uno aporta una voz mucho más grave y contundente; el otro se mueve hacia registros más agudos, y el contraste entre ambos termina funcionando mejor de lo que podría parecer sobre el papel.
Entre el material que sonó estuvieron 'Mountain of Power', acompañada por su introducción, 'Gods of Metal', 'Raise Your Hammer' y 'Born in Valhalla'. Los títulos tampoco engañan demasiado sobre lo que propone la banda. Riffs directos, melodías fáciles de reconocer y estribillos diseñados para que al tercer intento haya unas cuantas personas levantando el puño aunque hayan llegado sin conocer demasiado al grupo.
Y eso fue ocurriendo. El recinto todavía estaba entrando en calor (¡como si hiciera falta!) y la asistencia seguía lejos de lo que encontraríamos después, pero poco a poco empezaron a aparecer brazos en alto y voces acompañando los estribillos. Schmidt y Vitiello buscaban continuamente a las primeras filas, pedían respuesta y se movían más como maestros de ceremonias de una celebración metálica que como dos cantantes limitándose a interpretar las canciones.

Quizá ahí estuvo el mayor mérito del concierto. Con los cambios sufridos pocos días antes podían haber dado la impresión de estar salvando una situación complicada, pero desde fuera aquello parecía simplemente All For Metal haciendo exactamente lo que se esperaba de All For Metal. La banda mantuvo intacto su componente teatral y consiguió que buena parte del público entrase en el juego.
No inventaron absolutamente nada, pero tampoco parecía esa la intención. Guitarras, músculo, épica, martillos imaginarios en el aire y estribillos para levantar el puño. A veces tampoco hace falta complicarse mucho más, y menos en un ambiente festivalero.
Después de la épica y el músculo de All For Metal, la tarde cambió bastante de dirección con Destruction. A las 19:15 el sol seguía cayendo de lleno sobre el escenario y los alemanes tuvieron que enfrentarse probablemente a uno de los rivales más persistentes de todo el festival: el calor malagueño.

Schmier, por supuesto, tardó poco en aprovechar la situación. En mitad de la actuación y mirando hacia el público soltó un "I see the sun... are you the thunder?", una forma bastante apropiada de comprobar si Fuengirola estaba dispuesta a hacer honor al nombre del festival. El sol, desde luego, estaba cumpliendo de sobra con su parte.

Schmier ocupó el centro con el bajo y la voz, acompañado por Damir Eski? y Martin Furia a las guitarras y Randy Black detrás de la batería. Los cuatro salieron completamente entregados desde el principio, aunque durante el concierto hubo un efecto cromático espectacular que seguramente no figuraba entre los planes de producción: fueron cambiando de color progresivamente. Con el sol dándoles de frente durante prácticamente toda la actuación, aquello empezaba a parecer por momentos una competición para descubrir quién terminaba más rojo.

Lo sorprendente es que apenas pareció afectar a la intensidad del concierto. Destruction funcionaron como un bloque compacto, con las dos guitarras dando bastante cuerpo al sonido mientras Schmier seguía recorriendo el escenario y Randy Black mantenía las canciones avanzando prácticamente sin descanso.

El sonido fue, de hecho, uno de los aspectos que más me gustaron de su actuación. El volumen volvía a estar algo por debajo de lo que solemos asociar a un festival de metal, algo que ya habíamos apreciado durante la jornada anterior, pero en mi opinión terminó jugando a favor de la banda, ya que todo llegaba con muchísima nitidez. Las guitarras podían distinguirse perfectamente, el bajo conservaba presencia y la batería golpeaba sin convertir el conjunto en una masa indistinguible. Quizá faltase un poco de volumen para conseguir ese impacto físico que suele acompañar al thrash, pero a cambio se entendía absolutamente todo.

Los grandes telones del fondo aportaban buena parte del componente visual. Entre la imaginería se distinguían una especie de escalera y una figura de Satanás coronando la composición, mientras delante los músicos se encargaban de poner movimiento. No hacía falta una producción especialmente aparatosa para que la imagen funcionase, aunque se notaba una de las particularidades del Sun & Thunder al no contar con grandes pantallas laterales para seguir los conciertos desde lejos, así que cuanto más te alejabas del escenario más se perdían estos pequeños detalles. Con una asistencia todavía bastante contenida no suponía un problema demasiado grave, pero sí era una diferencia importante respecto a otros festivales de este tamaño.

El público, en cualquier caso, terminó de despertarse definitivamente durante Destruction. Hasta entonces había habido respuesta cuando las bandas la buscaban, pero delante de los alemanes comenzó a aparecer algo más de movimiento. Y Schmier encontró una manera bastante efectiva de terminar de animar el asunto. En uno de sus discursos entre canciones decidió meterse con los políticos y vino a resumir su opinión diciendo que daba igual estar en Alemania o en España, porque todos eran la misma mierda (puta diplomacia germana). Prácticamente coincidiendo con aquella pequeña declaración de intenciones apareció también un circle pit un poco más contundente, de modo que entre política y thrash el recinto empezaba finalmente a parecer un festival de metal.

El repertorio permitió además conectar distintas etapas de una carrera que se acerca ya a las cuatro décadas, reservando también espacio para Birth of Malice, publicado en 2025. 'Destruction', perteneciente precisamente a ese disco, quedó para el cierre y sirvió para demostrar algo bastante importante: la banda no está utilizando el material nuevo simplemente como excusa para seguir girando. Encaja sin demasiados problemas al lado de canciones mucho más veteranas.

Para entonces el aspecto del recinto también había cambiado. Había más gente delante del escenario, más movimiento y bastante más predisposición a dejarse arrastrar por el concierto. Destruction no necesitaron grandes artificios para conseguirlo. Quizá la mejor manera de resumir su paso por Fuengirola fue destacar el sonido tremendamente limpio, una banda entregadísima y cuatro músicos dejándose literalmente la piel bajo el sol.

Si Destruction había tenido que pelear contra el sol, lo de Lordi tenía todavía más mérito a pesar de que a esas horas el calor había remitido bastante, pero basta echar un vistazo al vestuario de los finlandeses para entender que aquello debía de ser cualquier cosa menos agradable. Nosotros estábamos en camiseta, pero ellos iban metidos dentro de varios kilos de monstruo.

La ocasión, además, era especial. Sun & Thunder suponía la última fecha de la gira veraniega con la que Lordi estaba celebrando el vigésimo aniversario de The Arockalypse, el disco que en 2006 terminó cambiando por completo la dimensión de la banda. Veinte años después, buena parte de aquel material volvía a ocupar el centro de un espectáculo que, como era de esperar, tenía bastante más de representación teatral que de concierto convencional.
Lo primero que llamaba la atención era precisamente la disposición del escenario. En lugar de colocar la batería en la habitual posición central, Lordi habían despejado prácticamente todo el gran espacio situado delante del telón del fondo. La batería quedaba desplazada hacia uno de los lados y los teclados hacia el contrario, dejando el centro libre para Mr. Lordi y para todo lo que iba apareciendo durante la actuación, en la que flotaba la pregunta permanente de qué demonios van a sacar ahora.

El vestuario ya hace buena parte del trabajo. Mr. Lordi, Kone, Hiisi, Hella y Mana convierten por sí solos el escenario en algo parecido a una reunión de criaturas con las que seguramente no querrías encontrarte volviendo solo a casa, pero alrededor de ellos había además humo, distintos artefactos y pequeños números escénicos que iban acompañando las canciones. No era una producción gigantesca, pero sí una en la que prácticamente siempre había algún detalle al que mirar.
El sonido, eso sí, no acompañó de la misma manera que con Destruction. El volumen volvió a quedarse bajo, pero esta vez ese detalle no compensó. Se entendía lo que ocurría, pero la calidad era mejorable y a una banda como Lordi, cuyo espectáculo busca precisamente resultar grande y exagerado, le habría sentado bien algo más de pegada.

Tampoco el público parecía especialmente desatado de primeras. Es algo que se estaba repitiendo bastante durante la jornada: había momentos en los que el recinto podía parecer algo frío hasta que desde el escenario alguien pedía colaboración. Entonces la cosa cambiaba. Con Lordi ocurrió exactamente eso. Mr. Lordi habló muchísimo con los asistentes (todo el rato con su “sí sí”), pidió voces, brazos y respuestas continuamente y, cuando lo hacía, la gente entraba en el juego.

Resultaba incluso curioso comprobar que la respuesta no estaba siendo radicalmente distinta a la obtenida por otras bandas que habían pasado antes por el escenario. Lordi era uno de los grandes nombres del viernes, pero la dinámica seguía siendo parecida: público relativamente tranquilo cuando no se le exigía demasiado y bastante dispuesto a participar cuando la banda apretaba.
'Who's Your Daddy?' dejó uno de esos momentos cuando al final apareció incluso un extintor, añadido a una colección de humo y atrezo que iba creciendo según avanzaba el concierto. Mr. Lordi tampoco tardaría en empuñar su habitual hacha, porque evidentemente a estas alturas nadie esperaba que fuese a salir simplemente con un micrófono y preguntar educadamente cómo estaba Fuengirola. Lo más curioso de todo ese despliegue es lo que no hubo: pirotecnia… ¡ni una chispa!

En una banda que visualmente parece pedir fuego, explosiones y cualquier otra cosa susceptible de hacer intervenir a un técnico de prevención de riesgos, Lordi construyeron todo el espectáculo sin recurrir a ello. Hubo humo, monstruos, armas de atrezo, artefactos varios y una escenografía constantemente ocupada, así que tampoco hizo demasiada falta. La propia banda tiene suficiente identidad visual como para que el escenario nunca parezca vacío.

La celebración de The Arockalypse permitió además recuperar algunas de las canciones que mejor encajan con toda esa teatralidad. 'The Kids Who Wanna Play with the Dead', 'It Snows in Hell' o 'The Chainsaw Buffet' devolvieron el repertorio a 2006 mientras el concierto iba encaminándose inevitablemente hacia el momento que prácticamente todo el mundo sabía que terminaría llegando. Mr. Lordi apareció con el hacha y aquello desembocó en 'Hard Rock Hallelujah'.

Veinte años después de Eurovisión sigue siendo difícil imaginar un concierto de Lordi en el que esa canción no ejerza de gran celebración colectiva. Y allí sí que no hizo falta insistir demasiado. Entre un público que durante distintos momentos de la noche había necesitado cierto empujón y una banda que llevaba todo el concierto buscándolo, el tema cumplió exactamente la función que se esperaba de él.

Aunque a pie de pista la sensación de calor terminó de desaparecer a lo largo de la actuación, Mr. Lordi, que siguió interactuando y moviéndose durante el concierto, nos terminó ofreciendo probablemente la mejor pista de hasta qué punto el vestuario le estaba pasando factura, y es que no hubo foto de familia ni una despedida especialmente larga.

Terminó el concierto y Mr. Lordi salió del escenario prácticamente a la carrera. Después de tanta interacción durante la actuación sorprendió que el cierre fuese tan fugaz, pero viendo las condiciones no fue difícil imaginar el motivo. No puedo asegurar qué ocurría dentro de aquel traje, obviamente, pero desde fuera daba toda la impresión de que estaba deseando quitárselo antes de acabar cocido dentro.

Y quizá ese final resuma bastante bien el concierto de Lordi en Fuengirola. El sonido podría haber sido mejor y el público necesitó que lo empujasen en varios momentos, pero los finlandeses no dejaron de hacerlo. Tiraron de canciones, personajes, humo, hachas, extintores y de una comunicación constante para mantener funcionando un espectáculo que, curiosamente, no necesitó ni una sola llamarada. Con el calor que pasaron, probablemente también fue lo último que necesitaban.

Después de Lordi llegó probablemente uno de los mejores ejemplos de por qué un festival puede resultar interesante cuando coloca consecutivamente a dos bandas que parecen pertenecer a mundos completamente distintos. Unos minutos antes habíamos tenido monstruos, hachas, extintores, humo, personajes perfectamente reconocibles y un escenario convertido prácticamente en un parque de atracciones del heavy metal. Con Gaerea seguía habiendo espectáculo, pero las herramientas eran casi las contrarias.

Los portugueses aparecieron con su indumentaria habitual, completamente vestidos de negro, con los rostros cubiertos y prácticamente cualquier rasgo individual eliminado de la ecuación. Al frente estaba Guilherme Henriques, acompañado por Sonja Schuringa a la guitarra, Lucas Ferrand al bajo y Diogo Mota a la batería, además de un segundo guitarrista cuya identidad queda oculta bajo el alias Beta. Pero sobre el escenario importaban casi tanto los cinco músicos como la imagen conjunta que construían.
La pantalla del fondo terminó jugando un papel fundamental. Durante prácticamente todo el concierto mantuvo una única proyección, la portada de Loss, su último disco: un paisaje dominado por tonos rojizos y anaranjados, atravesado por una enorme abertura vertical de luz amarilla ante la que aparece suspendida una pequeña figura humana. Con el resto del escenario sumido casi siempre en una iluminación bastante tenue, aquella pantalla se convertía además en la principal fuente luminosa y permitía construir buena parte del juego visual de la actuación.

Los integrantes de Gaerea quedaban así muchas veces reducidos a siluetas negras recortadas contra los amarillos y naranjas del fondo. No hacía falta verles perfectamente la cara, algo complicado también teniendo en cuenta las máscaras, ni distinguir cada detalle del vestuario. Lo que se veía eran figuras oscuras moviéndose delante de una imagen prácticamente estática, apareciendo y desapareciendo entre el humo y cambiando de forma según su posición y los pocos focos que rompían la oscuridad, especialmente desde los laterales.
El resultado quedaba fenomenal y demostraba algo que a veces se olvida cuando hablamos de puesta en escena: no siempre hace falta llenar un escenario de cacharros para conseguir un espectáculo visualmente potente. Lordi acababan de hacerlo recurriendo a una sucesión constante de elementos de atrezo; Gaerea conseguían un resultado igualmente llamativo utilizando fundamentalmente luz, oscuridad, movimiento y una única imagen de fondo.

'LBRNTH', 'Nomad', 'Unknown', 'Submerged' y 'Luminary' estuvieron entre las canciones que fueron dando forma a una propuesta que ya hace tiempo resulta difícil reducir simplemente al black metal. Había violencia y voces extremas, evidentemente, pero también pasajes mucho más atmosféricos, melodías y cambios de intensidad que encontraban además su reflejo en lo que estaba ocurriendo sobre el escenario. Cuando la música apretaba, aquellas siluetas se volvían mucho más físicas; en los momentos más contenidos, la oscuridad, el humo y la enorme abertura luminosa de la pantalla ganaban todavía más protagonismo.
Buena parte de esa sensación estaba también en la manera de moverse de Guilherme Henriques. Su presencia escénica está bastante alejada de la imagen habitual de un vocalista de metal extremo: se retuerce, se agacha, abre los brazos y encadena movimientos muy marcados que por momentos parecen pertenecer a alguna coreografía extraña. Entiendo perfectamente que ese tipo de baile pueda sacar a alguien del concierto, porque tiene algo deliberadamente extravagante, pero en mi caso ocurrió justo lo contrario. Dentro de una propuesta que convierte a sus músicos en figuras casi abstractas, aquellos movimientos me parecían plenamente coherentes con lo que estaba ocurriendo alrededor y terminaban funcionando como una pieza más de la relación entre música, luz y movimiento.

La comparación con Lordi resultaba inevitable. Los finlandeses habían construido su concierto alrededor de personajes, humo, hachas, extintores y una teatralidad muy explícita; Gaerea conseguían un impacto visual enorme con cinco figuras vestidas de negro, muy poca iluminación sobre el escenario y una única imagen proyectada al fondo. No se trataba tanto de decidir cuál de las dos fórmulas era más espectacular como de comprobar hasta qué punto se podía alcanzar un resultado igualmente efectivo por caminos prácticamente opuestos.
Evidentemente tampoco partían del mismo nivel de aceptación. Lordi cuentan con un nombre que hace tiempo trascendió los límites del público habitual del metal, mientras que Gaerea siguen siendo una propuesta bastante más de nicho y menos inmediata para quien se encuentre con ellos por primera vez. Pero ahí estaba precisamente parte de la magia del festival: en cuestión de minutos habíamos pasado de una banda finlandesa vestida de monstruo sacando un extintor sobre el escenario a cinco músicos portugueses ocultando sus rostros mientras sus cuerpos se convertían en sombras delante de una pantalla.

Quizá por eso me pareció un cierre especialmente acertado para la jornada. Después de pasar durante el viernes por el músculo y la épica de All For Metal, el thrash veterano de Destruction y el espectáculo monstruoso de Lordi, terminar con Gaerea volvía a cambiar completamente las reglas. No tenían el nombre más grande del día ni seguramente reunían a la misma cantidad de seguidores que quienes acababan de tocar antes, pero durante una hora demostraron que unas máscaras, cinco cuerpos en movimiento, una pantalla y una iluminación bien pensada podían bastar para construir uno de los conciertos visualmente más interesantes de la jornada.
A veces basta con apagar la luz y saber exactamente dónde colocarse.
Las crónicas del primer día del festival las puedes encontrar AQUÍ.
Nuestras impresiones detalladas sobre esta edición, en ESTE OTRO ENLACE.
Texto y Fotos: Dr. Reifstein
Fotos All For Metal: Sun & Thunder



