
CUANDO EL PROBLEMA CABE EN UNA SOLA PALABRA: CARTEL
Sun & Thunder ha puesto punto final a su historia después de solo dos ediciones. La escasa asistencia ha abierto un debate inmediato sobre responsabilidades, redes sociales, público, comunicación, recinto y el propio modelo de festivales. Estuvimos dentro durante los tres días y nuestra impresión es bastante más sencilla: muchas cosas funcionaron razonablemente bien, pero faltó lo primero que necesita un festival de música para vender entradas: Las bandas.
No hace falta recurrir a fotografías tomadas a determinadas horas, estimaciones desde fuera del recinto o discusiones en redes sociales para afirmar que Sun & Thunder 2026 tuvo un problema con la venta de entradas, porque la propia organización lo reconoció antes incluso de abrir sus puertas. El 23 de agosto, cuatro días antes del comienzo del festival, Sun & Thunder publicó un comunicado para frenar los rumores sobre una posible cancelación. En él aseguraba que el evento seguiría adelante e incluía una frase suficientemente explícita: su forma de trabajar nunca había sido suspender un evento porque «las ventas no hayan alcanzado las expectativas».

El festival se celebró, las bandas tocaron y, apenas terminada la segunda edición, llegó el comunicado definitivo: Sun & Thunder se acababa. La promotora explicaba que «las circunstancias que han rodeado el desarrollo del proyecto» no permitían darle continuidad y dedicaba una parte importante de su despedida al papel de las redes sociales, al afirmar que estas poseen un enorme poder para distorsionar la realidad y construir desde fuera una imagen diferente de lo que está sucediendo dentro. En esa última afirmación hay una parte de verdad, aunque no explica por sí sola todo lo ocurrido.
Un problema que no empezó el jueves
El resultado de Sun & Thunder no puede explicarse únicamente por lo sucedido entre el 27 y el 29 de agosto. Para entenderlo hay que retroceder prácticamente un año. La organización tomó para 2026 una decisión que, desde nuestra perspectiva, era acertada: trasladar el festival de las fechas de julio de su primera edición al 27, 28 y 29 de agosto. La intención era diferenciarse dentro de un calendario español cada vez más saturado y aprovechar mejor su ubicación en la Costa del Sol. Al anunciarlo, la promotora hablaba además de redoblar la apuesta con un cartel más ambicioso.
La fecha, en nuestra opinión, no fue el problema; más bien al contrario. Un festival de metal de estas características, en el sur de España y en esas fechas del verano, tiene un espacio propio y suficientemente diferenciado. Las dudas comenzaron a aparecer después, a medida que avanzaba el proceso de construcción del cartel.
El primer gran anuncio de bandas no llegó hasta el 16 de diciembre de 2025, con Twisted Sister y Avantasia como grandes reclamos acompañados por otros catorce nombres. Para entonces, algunos de sus principales competidores llevaban una ventaja considerable: Rock Imperium había cerrado su cartel el 6 de noviembre, Resurrection Fest había anunciado 81 artistas el 27 de noviembre y Leyendas del Rock había completado el suyo, con 58 bandas, el 1 de diciembre.

Ese desfase importa porque el público no dispone de un presupuesto infinito. Viajes, hoteles, entradas, comidas y desplazamientos convierten la asistencia a un festival en una decisión económica que muchas veces se toma con meses de antelación. Cuando otros eventos ya habían enseñado prácticamente todas sus cartas, Sun & Thunder todavía pedía paciencia.
El primer anuncio resultaba prometedor, con Twisted Sister y Avantasia como dos nombres capaces de despertar interés, pero el bloque era corto y la sensación era que había que esperar un poco más antes de comprar. En febrero llegó otro golpe: Twisted Sister canceló su gira de 50 aniversario por motivos de salud. Naturalmente, eso no fue responsabilidad de Sun & Thunder, y la organización comunicó que aquella situación, junto con otros imprevistos, obligaba a revisar su calendario de anuncios.
Perder a Twisted Sister fue un golpe durísimo, pero una cancelación forma parte de los riesgos de cualquier gran evento y la clave está en lo que ocurre después. Sun & Thunder nunca consiguió cubrir ese hueco con otro nombre que devolviera al cartel un peso equivalente y, desde nuestra perspectiva, ahí está el centro de prácticamente todo lo ocurrido.
Cartel
Si tuviéramos que explicar el fracaso comercial de Sun & Thunder 2026 utilizando una única palabra, sería esa: Cartel. No fue la organización, ni la ubicación, ni el recinto, ni las bandas ni el público lo que determinó el resultado; el problema principal fue el cartel.
Cuando el cartel se cerró definitivamente en marzo con la incorporación de Soen, la propia organización presentó una edición construida alrededor de un escenario único, sin solapamientos y con la promesa expresa de ofrecer «conciertos completos, sin renuncias». Sobre el papel había muchísima calidad: Avantasia, Soen, Lordi, Eivør, Primal Fear, Destruction, Harakiri For The Sky, Gaerea, Calva Louise, All For Metal, Nefarious…

El problema nunca fue la calidad de esos nombres, sino si ese conjunto tenía suficiente capacidad comercial para sostener tres jornadas de festival en un recinto de las dimensiones de Marenostrum. La respuesta terminó dándola el público, y el contraste entre las tres jornadas resultó bastante revelador.
Durante el jueves y el viernes, la asistencia fue especialmente escasa durante las primeras actuaciones. El público aumentaba conforme avanzaban las horas, pero la sensación global seguía siendo de una asistencia claramente inferior a la necesaria. El sábado, en cambio, la presencia de público aumentó de manera evidente y el motivo tampoco parece demasiado misterioso: allí estaba Avantasia.
The Metal Family, también presente en el festival, estimó entre 7.000 y 8.000 personas durante la actuación de Avantasia. No existe por ahora una cifra oficial que permita confirmar ese dato, pero desde dentro la diferencia de asistencia respecto a las jornadas anteriores era indiscutible. Un cabeza de cartel potente moviliza público y, precisamente por eso, resulta difícil entender que Avantasia, única actuación española de su gira y principal reclamo de toda la edición, dispusiera de solo hora y media, más aún en un festival que tenía huecos de hasta una hora entre algunas actuaciones.
Lo que ocurrió dentro
Aquí es donde nuestra visión se separa de parte del relato que se ha construido alrededor de Sun & Thunder. El fracaso comercial existió, pero eso no significa que el festival fuese un desastre. Desde nuestra posición como prensa acreditada, el funcionamiento in situ fue impecable.
El trato a la prensa fue excelente, la organización trabajó bien, los accesos resultaron cómodos, no hubo grandes problemas logísticos y todo funcionó con normalidad. Hay que introducir, naturalmente, un matiz: un festival con poca asistencia está sometido a mucha menos tensión. Hay menos colas, menos presión sobre barras, accesos y servicios y resulta mucho más sencillo mover al público. Por tanto, la fluidez tampoco puede utilizarse automáticamente como medida de la capacidad máxima del dispositivo.

Sí detectamos algunas «incidencias». Desaparecieron, por ejemplo, las grandes pantallas laterales del escenario. El sonido estuvo muy nítido durante todo el festival, aunque los dos primeros días se mantuvo a un volumen sensiblemente inferior al habitual en eventos de estas características. Personalmente, no fue algo que me molestara, ya que incluso agradezco no salir de un concierto con los tímpanos pidiendo auxilio, pero el sábado el aumento de potencia fue perfectamente apreciable. Soy muy consciente, además, de que esta es una opinión muy personal y de que una gran parte del público quería más “potencia sónica” desde el primer momento.
Mucho más difíciles de defender fueron los tiempos muertos. Con un único escenario hubo esperas de hasta una hora entre actuaciones, mientras algunas de las bandas iniciales disponían únicamente de treinta minutos para defender su propuesta. Había alternativas posibles y, desde luego, la peor de ellas era recortar tiempos, especialmente el del principal cabeza de cartel.
Las bandas no tuvieron culpa de nada
Si algo merece un reconocimiento sin matices son los artistas, porque todas y cada una de las bandas tocaron como si tuvieran delante un recinto lleno. Cuando había unos cientos o un millar de personas frente al escenario, según el momento, la entrega conseguía que desde abajo parecieran muchas más. Nadie salió a cumplir el expediente porque la fotografía general fuera menos espectacular de la esperada y, por eso, un diez para todas ellas.
Entre tantas actuaciones hubo también espacio para descubrir. Calva Louise fue una de mis grandes sorpresas del festival: una propuesta original, músicos excelentes, una actitud tremendamente cercana y un sonido al que el directo aporta todavía más fuerza que la grabación. Descubrir bandas así es una de las razones esenciales para acudir a festivales: llegar por los nombres conocidos y volver hablando de alguien que no estaba inicialmente entre tus prioridades. Soy consciente, una vez más, de que se trata de una opinión muy personal y así debe entenderse, ya que su apuesta artística está muy alineada con «la modernidad» y podría no gustar al fan del metal más «recalcitrante». Personalmente, valoro mucho recibir un soplo de aire fresco.

El público que sí estuvo allí respondió de la misma manera. El ambiente fue muy bueno, la gente había ido a divertirse y lo hizo, de modo que resulta importante diferenciar dos conceptos que estos días se están mezclando: Sun & Thunder fracasó comercialmente, pero la experiencia de asistir a Sun & Thunder no fue un fracaso desde mi punto de vista. Son dos cosas completamente distintas.
Qué están diciendo otros medios
No somos los únicos que hemos detectado esa contradicción. The Metal Family plantea abiertamente la pregunta «¿éxito o fracaso?» y reparte responsabilidades entre organización, público y las particularidades empresariales de Marenostrum. El medio elogia el recinto, aunque considera que su configuración funciona mejor para grandes conciertos nocturnos que para tres jornadas completas de festival y critica especialmente el calor durante las primeras horas y los precios de las barras. También rechaza que todo pueda reducirse a señalar a la promotora.
Alquimia Sonora se ha mostrado especialmente favorable a la experiencia vivida dentro de Marenostrum. Tras cubrir las tres jornadas, hablaba de un festival de gran nivel y lamentaba que parte del público pudiera habérselo perdido por prejuicios y comentarios negativos, aunque también reconocía caídas de cartel, contratiempos y aspectos mejorables.
Son lecturas legítimas y la nuestra coincide con ellas en algo fundamental: perder Sun & Thunder es una mala noticia. Al mismo tiempo, creemos que hay un punto en el que conviene ser más claros.
Las redes distorsionan; la comunicación importa todavía más
La organización tiene razón cuando afirma que las redes sociales pueden distorsionar la realidad, y eso ocurre con Sun & Thunder y con cualquier otra cosa. Un comentario repetido centenares de veces puede convertirse en una supuesta verdad, y existe una facilidad preocupante para subirse a cualquier corriente negativa mucho antes de conocer los hechos.
Sun & Thunder recibió críticas injustas prácticamente desde el minuto cero y ese ruido probablemente influyó, pero precisamente porque el mundo funciona así, la comunicación se ha convertido en una parte fundamental de la organización de un festival. No puede limitarse a lanzar anuncios cuando existe algo que vender. La comunicación requiere continuidad, sinceridad, rapidez y una estrategia capaz de impedir que los vacíos de información sean ocupados por rumores. El objetivo debe ser que el público nunca tenga motivos para preguntarse si se le está contando toda la verdad.

Por eso, en el comunicado final echamos en falta algo más de autocrítica y también unas disculpas. Lo decimos con toda la suavidad posible y sin buscar culpables. Reconocer que hubo decisiones propias que no funcionaron no debilita a una promotora. Al contrario: el público no necesita ser infantilizado ni protegido de la realidad empresarial de un festival.
Esto también es un negocio: las bandas cobran, los proveedores cobran, el recinto tiene sus costes (probablemente aquí demasiado elevados), la promotora necesita obtener un rendimiento y el asistente decide si la propuesta que recibe merece el precio que se le pide. No hay nada ofensivo en admitirlo y, cuando el cliente decide que una propuesta no le convence, puede doler, pero su respuesta es no comprar.
¿Marenostrum merece otra oportunidad con el metal?
Tampoco creemos que el problema sea que Andalucía no tenga público para un gran festival. Sun & Thunder tenía un espacio, las nuevas fechas ayudaban a diferenciarlo de otras citas nacionales y su ubicación era excepcional. Marenostrum Fuengirola es, probablemente, el mejor emplazamiento en el que hemos vivido un festival de estas características en España. El escenario frente al Mediterráneo, el Castillo Sohail dominando el recinto y las propias características de la Costa del Sol conforman una experiencia difícilmente replicable. El escenario principal, además, puede superar los 18.000 asistentes en determinados formatos.
El recinto tiene desafíos empresariales y económicos y seguramente resulta más complejo hacerlo rentable durante tres días que organizar un concierto único con una gran estrella. Sin embargo, esos son problemas del modelo empresarial que deben resolver quienes participan en él: no son culpa del público y tampoco pueden presentarse como una explicación que invalide su decisión de compra. La gente va a los festivales, fundamentalmente, a ver bandas, y todo lo demás importa cuando lo primero está resuelto.
Bonus Track: un punto para ShaunTrack
Hay, además, un detalle secundario que personalmente agradecí. En una época en la que las acreditaciones pueden convertirse en una competición entre influencers de contenido vacío que pugnan por generar el vídeo más rápido, formular la pregunta más vacía o conseguir el clip más estridente, resultó refrescante encontrar una presencia bastante limitada de ese tipo de creadores de «contenido».
Entre quienes sí estaban por allí apareció ShaunTrack, que lleva años recurriendo a la producción, los instrumentos, las pistas y sus conocimientos musicales para explicar qué ocurre realmente dentro de una canción. Sus conocidas deconstrucciones parten precisamente del análisis técnico: arreglos, grabación, armonía, interpretación y producción. Eso sí aporta algo; preguntar a cinco músicazos cuáles son sus tres canciones favoritas también se puede entretener, pero no es lo mismo. ¿Queréis mi receta para saber cuándo a un músico se le hace una pregunta adecuada y cuándo no? Tan solo fijaos: ¿valdría esa pregunta para cualquier otra de las bandas del festival? Si la respuesta es sí…
Ni vencedores ni culpables únicos
Quizá el error final sea afrontar lo ocurrido buscando un bando ganador, porque no lo hay. La promotora ha perdido un proyecto, el público del sur pierde un festival, Marenostrum pierde una cita de metal, las bandas pierden otro escenario, los medios perdemos otra historia que contar y la escena española pierde diversidad.
Eso no significa que haya que evitar la crítica; todo lo contrario. Hubo críticas injustas desde antes de comenzar y hubo ruido en redes que no ayudó, pero también hubo problemas de comunicación, un proceso de confirmaciones que generó incertidumbre, la pérdida de un cabeza de cartel que no pudo ser compensada y, sobre todo, un cartel final que no consiguió generar suficiente intención de compra.

Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez: no hace falta convertir a la promotora en villana para señalar sus errores ni culpar al público por decidir dónde gasta su dinero. Desde dentro vivimos un festival del que disfrutamos muchísimo: recinto espectacular, ambiente excelente, organización sobre el terreno impecable, trato a la prensa sobresaliente y unas bandas que se dejaron absolutamente todo sobre el escenario. Precisamente por eso da rabia que no haya una tercera edición, porque Sun & Thunder tenía ingredientes para encontrar su lugar y le faltó el principal.
Si algo debería quedar después de estos días de comunicados, análisis y discusiones es que promotora, músicos, prensa y público tienen más que ganar caminando en la misma dirección que desconfiando permanentemente unos de otros, sin cuentos ni sentimentalismos impostados y sin olvidar que esto es una industria y tiene que ser rentable. Pero tampoco conviene olvidar que todos queremos exactamente lo mismo cuando se apagan las luces y empieza a sonar el primer riff: que haya conciertos a los que merezca la pena ir y, cuantos más, mejor.
Texto: Dr. Reifstein
La opinión del medio: Miguel Egun, director;
Son muchos años cubriendo, fotografiando, entrevistando y sobre todo, comunicando todo lo que ocurre dentro de la escena metalera de este país y de todo el mundo, incluyendo decenas de festivales.
He visto nacer, crecer y morir mucho de esos festivales… METALWAY, MONSTER OF ROCK, KOBETASONIK, SONISPHERE, ELECTRIK WEKEND… Y ahora me ha tocado al que le tenía puesta mucha fe e ilusión, el SUN AND THUNDER. Creo que nuestro compañero Dr. Reifstein ha realizado un análisis impecable, sin echar leña a los diferentes fuegos que se han ido abriendo a medida que llegaban las fechas de este festival y examinando cada punto de vista perfectamente y creo que poco más puedo añadir que no sea otra cosa que la lastima enorme que siento cuando un evento como este anuncia el cierra de sus puertas aunque, lamentablemente…. Era una muerte anunciada
La principal fuente de este cierre de puertas, esta claro que ha sido el cartel y es que desde la organización no se ha entonado el «mea culpa» en ningún momento. Un poquito de autocrítica no hubiera estado de más ante un público que llevaba mostrando su mal estar desde hacía muchos meses, viendo como no se solucionaba el cartel prometido. El publico tiene siempre la última palabra y la verdad, moverse, gastarse dinero, recorrer la península y reconstruir tu verano para que en algunos casos el reclamo sea una o dos bandas importantes, es una apuesta complicada de asumir para el consumidor de a pie y, a las pruebas me remito.
El aspecto de colocar finalmente 6/7 bandas diarias con pausas de una hora entre ellas (avisado una semana antes del evento) es algo muy arriesgado y un festival de la categoría que supuestamente iba a coger el SUN AND THUNDER, no se podía permitir estas cosas, una parrilla como la que ha ofrecido deja mucho que desear, a pesar de saber de primera mano que han hecho todo lo imposible por que esto no pasara. Pero entendemos que las bandas son ese aporte y lo primero que vende o deja de vender entradas en festivales como este y más aún, siendo casi el último «grande» de la parrilla festivalera, cuando la gente ya ha hecho sus planes desde hacía mucho tiempo.
Siendo sinceros, dentro del cartel, solamente AVANTASIA era la banda con el estatus necesario para decir: «Esta si es una banda gorda…Voy al festival», las demás, a pesar de su calidad, están escalones por debajo si de cabezas de cartel hablamos para un festival que llevaba la etiqueta de Grande, es muy poco. Y eso es lo que convirtió a este festival y su organización en un quebradero de cabeza, llevando a los asistentes a llenar las redes sociales de quejas y, hay que decir que razón, no les faltaba.
El problema bajo mi punto de vista ha sido que, claramente, ha resultado ser mucho trabajo. Hacer un Z! LIVE con el nivel que llevan haciendo la última década, ha supuesto que SUN AND THUNDER se les viniera encima. Han confiado en el tiempo, y el tiempo les ha puesto en una tesitura que, si bien por cabezonería o por contrato, han tenido que hacer finalmente un «Salir del paso» en toda regla, cuando lo más lógico hubiera sido cancelar todo meses antes pero, ya decimos, hay contratos con bandas, recintos, proveedores que desconocemos…
Recordamos que a finales de julio del año pasado ya se estaban vendiendo abonos con la promesa de mejorar la edición pasada. Ese empuje, añadido al gran recinto, las fechas, el mar, y todo hay que decirlo, el buen hacer de esta promotora, es de las pocas que mira mucho el trato y el bien estar del publico, hicieron que la ilusión creciera pero, de la misma manera que la gente salió soltando alabanzas el pasado año por todo lo que comentado, les ha llevado a echar pestes en los últimos meses y eso es algo que hay que mirar. Echar un ojo a tu ombligo, es una obligación de todos y como no, de las promotoras.
Dicho esto, y siguiendo con mi discurso, siento profundamente lo ocurrido, ya que creo que todos pensamos igual…Hemos perdido uno de los festivales más prometedores de cuantos se realizaban en la península y solo puedo decir…
Gracias por todo Sun And Thunder… Ha sido un verdadero placer.




