CD REVIEW: EVERGREY – «The Atlantic»

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Artista: Evergrey
Álbum: The Atlantic
Sello: AFM Records
Fecha: 25 de enero de 2019
Nota: 9’5/10

Siempre hay bandas que conoces, que sigues desde hace tiempo y que parece que por ese hecho no van a ser capaces de sorprenderte sin salirse de lo que suelen hacer (es decir, sin meter giros radicales en su sonido que les haga sonar a otra cosa). En este punto podríamos citar un buen puñado de bandas que por no salirse de lo que siempre hacen llega un punto que hacen discos lineales (hago aquí la aclaración: esto es cuestión de gustos, y para gustos los colores) y también un buen puñado que por intentar innovar se han pegado el tortazo de su carrera. Igual que tenemos bandas que innovan y no se pegan ese tortazo (creo que Nightwish es un buen ejemplo) y bandas que, sin salirse de lo que suelen hacer, son capaces de sorprender, como es el caso de la banda que nos ocupa en esta reseña, Evergrey.

Y es que este “The Atlantic”, que verá la luz a finales de enero del próximo año, es un disco impecable, soberbio, pero sobre todo, maduro (aunque a estas alturas de su carrera, hablar de madurez musical sea un tanto redundante). Su anterior disco, “The Storm Within”, me pareció un disco magnífico y quizá el punto álgido de su carrera, después de algún trabajo que, teniendo canciones impresionantes, no me terminaba de sorprender, no tenían ese elemento que me llamase tan poderosamente la atención como para escuchar el disco veinte veces seguidas y no dejar de sorprenderme, ojo, no voy a decir que un disco de Evergrey sea malo porque esta banda me gusta precisamente por cómo busca reinventarse en cada disco, pero como comentaba previamente, a veces esa reinvención gusta más y a veces menos (e insisto, esto es cuestión de gustos).

Como decía, “The Storm Within” no llegó a ese extremo, pero sí fue una grata sorpresa (superando la pequeña sorpresa que fue para mí “Hyms For The Broken”), fue un disco que superó mis expectativas, y precisamente por eso cuando supe que Evergrey tenían preparado disco, no podía contener la impaciencia por escucharlo, y la sorpresa ha sido realmente mayúscula desde la primera escucha.

Nos vamos a encontrar con un álbum, como decía antes, maduro, pero también con cierto toque de frescura. No es que hayan realizado una innovación total y tengan un sonido completamente diferente, en absoluto. Su sonido sigue siendo ese sonido cien por cien Evergrey, fácilmente reconocible, pero quizá en este disco han prestado aún más atención a los detalles, a los matices musicales en sus canciones, y eso le da un toque fresco, aparte de que el estado vocal en que se encuentra Tom S. Englund, que es de auténtica gracia, logrando uno de los mejores discos a nivel vocal que le recuerdo a la formación sueca. Todo ello unido a los maravillosos riffs de guitarra del propio Tom o de su compañero a las seis cuerdas, Henrik Danhage, junto a la base rítmica tan compenetrada como arrolladora que forman Johan Niemann (bajo) y Jonas Ekdahl (batería) y los imprescindibles teclados de Rikard Zander, logran diez cortes que son un cañonazo tras otro, haciendo difícil no sólo hacer un top de canciones del disco, sino que hacen imposible no deshacerse en elogios a este álbum.

Y todo se explica desde que empieza la reproducción del mismo, “A Silent Arc” puede ser la canción con más garra en las guitarras de la formación sueca, un tema que engancha desde el inicio y que muestra una potencia que, si bien es conocida, sí que no es muy empleada, y sobre todo ese punto extra de garra que decía en las guitarras hacen de este corte algo diferente, una obertura excepcional para un disco y sin duda, la elección más adecuada como single.

Y a partir de aquí nos vamos a encontrar lo que mejor saben hacer, una vorágine de sonidos tan variada como adictiva, que hace que se escuche el disco sin casi darte cuenta. De la fuerza del primer corte pasamos a un corte algo más melódico como “Weightless”, muestra de lo que comentaba antes; pero aun teniendo ese toque más melódico no pierde un solo ápice de fuerza mostrada previamente, si bien es cierto que las guitarras bajan un poco esa garra mostrada en el corte anterior, el bajo suple a la perfección ya que durante las estrofas vamos a escucharlo tanto sin guitarras como al mismo nivel que las guitarras, siendo un complemento excepcional. Y el estribillo me ha parecido una verdadera obra maestra.

Con “All I Have” vamos a tener unos segundos de guitarras bastante distorsionadas a modo de introducción, para dar paso a una canción que transcurre a medio tiempo, con esos juegos que tanto gustan a esta formación de metal progresivo, y con unos riffs de guitarra que con un sonido bastante pesado son excepcionales. El teclado toma casi tanto protagonismo como las voces, convirtiendo este corte en una canción marca de la casa, de esas que nada más empezar ya sabes que estás escuchando a Evergrey.

“A Secret Atlantis” es una de esas canciones que me han sorprendido mucho de este disco, ya que el juego de percusión es realmente excelente, dando pie a la entrada de todos los instrumentos con un cambio de ritmo excelente y una presencia de doble bombo arrolladora. Los cambios de ritmo en la batería que vamos a encontrar a lo largo de la canción le dan ese plus que tanto me gusta y que tan bien hacen los suecos. Además el bajo es un elemento que nuevamente se convierte en excepcional, y también he encontrado bastante destacable en este corte el trabajo vocal, manejando los agudos mucho más de lo que suele ser habitual en Tom S. Englund, ya que en las estrofas prácticamente los usa por completo.

En el ecuador del álbum nos vamos a encontrar con una canción que es un breve interludio (de poco más de un minuto de duración) llamado “The Tidal”, que viene a dar paso a “End Of Silence”, con un inicio de guitarra aplastante, ritmo de nuevo a medios tiempos y una base rítmica contundente. Pero si algo me ha gustado en este corte es como hay pasajes donde prescinden de todo salvo el teclado y la voz, y le da un toque íntimo de lo más interesante, siendo de nuevo un trabajo muy completo y excepcional de Evergrey, manejando a la perfección todos sus recursos en esta pista, cambio de ritmo incluido. El cierre de la canción es realmente maravilloso, tras un riff de guitarra excepcional (de esos que invitan a hacer air guitar con sólo escucharlo), juego de sintetizadores y último estribillo, siendo un cierre espectacular para una canción espectacular.

“Currents” se inicia muy directa, entrando toda la base musical a la vez y sin ningún tipo de piedad, con mucha contundencia pero con un ritmo tranquilo (no es un medio tiempo pero tampoco es de los temas más rápidos del álbum). Nuevamente brillando el bajo en las estrofas junto a la voz, en un corte puramente melódico, de esos que te atrapan mientras lo escuchas y que se degustan como el buen vino, a sorbos. El estribillo además tiene el añadido del teclado a modo de sintetizador que le da el empuje final para convertir este corte en otra obra maestra.

Y qué se puede decir de una canción como “Departure”, seis minutos y medio de auténtica delicia musical. Teclado, bajo y batería junto a la voz hasta casi el primer minuto, cuando la batería y el bajo dan paso a unos segundos de voz, teclado y guitarras acústicas para entrar algo de distorsión en las guitarras y convertir esta canción en algo realmente maravilloso. Además la lírica, que tiene ese aire de melancolía que acompaña a las mil maravillas la música y la entonación más melódica de la voz. En definitiva, se ha convertido sin darme cuenta en mi corte favorito del álbum, y es que el trabajo además de titánico es sencillamente excepcional, posiblemente una de las mejores canciones que he escuchado de Evergrey en los últimos discos. El toque final de excepcionalidad se lo da lo que vamos a escuchar a partir del minuto cuatro aproximadamente, ese estribillo que vamos a encontrar con teclado y voz nada más, pero con esa entonación tan melódica que envuelve. Además a pesar de entrar con riffs de guitarra después de esto, al no tener un sonido muy agresivo en todo momento nos vamos a encontrar con la misma sensación de melancolía que decía antes; una canción de esas que para escucharla bien hay que cerrar los ojos y, sencillamente, dejarse llevar.

Encaramos la recta final del álbum con “The Beacon”, un corte que aprovecha la dinámica que hemos visto en algún corte anterior, con mucha presencia de teclado pero variando el ritmo y sobre todo el sonido de guitarras, que en esta ocasión incluso en los estribillos queda algo por debajo del sonido del bajo. Una canción que mantiene el nivel de calidad tan alto que venimos apreciando en todo el álbum y que tiene ese tipo de estribillo pegadizo y que fácilmente se empieza a tararear sin darse cuenta. Además de los riffs de guitarra, que vuelven a ser una obra de arte.

Y cierra el disco “This Ocean”, un tema que sin tener tanta potencia en las guitarras como el que abría, si busca un ritmo similar y una garra parecida, para cerrar el disco con esa sensación de completitud que suele acompañar a los grandes álbumes. Decir además que lo logran con otra canción tremendamente elaborada y compleja pero con un estribillo excelente, tanto a nivel musical como lírico, acompañado en la segunda vuelta del mismo además por un pequeño riff de guitarra que lo potencia al cuadrado. Un corte adictivo y con mucha fuerza, que consigue su objetivo, cerrar el disco igual que se abre, con mucha garra, fuerza, contundencia, dejando un disco redondo (no sólo por la forma), una verdadera obra de arte venida desde Suecia para deleitar los paladares más exigentes.

En definitiva, Evergrey siempre han sido un grupo que ha buscado no repetirse, hacer siempre algo diferente entre disco y disco, pero realmente lo que han logrado en este “The Atlantic” es algo soberbio, un nivel de complejidad, calidad y cuidado por el detalle que, aunque no es nada nuevo en la formación sueca, sí que está más alto que en trabajos anteriores. Quizá nos encontremos ante el mejor disco de los suecos, quizás no, eso dependerá de la opinión de cada uno, pero yo al menos tengo claro que es uno de los mejores que han hecho, si no el mejor. Un disco que merece escucharse varias veces, con calma y detenidamente, que hay que degustar como la buena comida, dejando al paladar, o en este caso, a los oídos, que hagan todo el trabajo y las sensaciones nos invadan y recorran todo nuestro cerebro, pues es la mejor manera de poder disfrutar de la inmensa cantidad de matices que tiene este álbum.

Joseph Draven

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