Marenostrum Fuengirola – Sábado 29 de Agosto de 2026
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Cuando Sun & Thunder se convirtió en el Avantasia Metal Fest
El sábado no hizo falta esperar demasiado para descubrir quién era realmente el protagonista de la última jornada. Antes incluso de que sonase la primera nota, buena parte del fondo del escenario permanecía cubierta por un telón tras el que ya podían adivinarse elementos de la escenografía de Avantasia, preparados con muchas horas de antelación y restando profundidad al espacio del que dispondrían las bandas anteriores. Era difícil quitarse de la cabeza la sensación de que, por un día, Sun & Thunder se había convertido en una especie de Avantasia Metal Fest con varios invitados de lujo.
También había cambiado algo bastante más importante: el sonido. Después de dos jornadas en las que la calidad había sido generalmente buena pero el volumen se había quedado corto en bastantes momentos, el sábado apareció claramente una marcha más. Había más potencia desde primera hora y, afortunadamente, no se había sacrificado por el camino la nitidez que había sido una de las virtudes del festival. Fuera o no consecuencia de las quejas acumuladas durante los días anteriores, daba la impresión de que alguien había tomado nota.
La asistencia también empezaba a contar otra historia. A las cuatro y media no había ninguna multitud, pero tampoco esa sensación de recinto excesivamente vacío que había acompañado las primeras horas del jueves y el viernes. Era una entrada bastante normal para esa franja de cualquier festival y, sobre todo, claramente superior a la que habíamos visto a la misma hora durante las dos jornadas anteriores. Todo apuntaba a que aquello seguiría creciendo y, esta vez sí, así fue.

Los encargados de comprobar que el equipo de sonido había despertado con ganas fueron Nefarious, un proyecto relativamente nuevo construido, paradójicamente, con músicos que llevan unas cuantas batallas a sus espaldas. Su historia había empezado después de que Doug Piercy y Tom Gears terminaran su etapa en Blind Illusion y decidieran seguir trabajando con el material que habían ido acumulando.

En principio, Piercy pensaba convertirlo en una especie de disco en solitario y llamó a Will “Beastman” Carroll, batería de Death Angel, para grabar las canciones, pero el proyecto fue creciendo y acabó convirtiéndose en una banda. A ellos se sumó Rick Hunolt, histórico guitarrista de Exodus y amigo de Piercy desde hacía décadas, mientras Katon W. De Pena, de Hirax, completó la primera formación.
De allí salió Addicted to Power, publicado en 2025, aunque la formación que llegó a Fuengirola presentaba ya un cambio importante. Sean Rivera, procedente de Coffin Hunters, había sustituido a De Pena a finales de aquel año y compartía escenario con Hunolt y Piercy a las guitarras, Gears al bajo y Carroll a la batería. Nefarious apenas estaban empezando su recorrido como grupo, pero prácticamente todos sus integrantes llevaban décadas formando parte de la historia del metal de la Bay Area.

La imagen que presidía el escenario casi parecía acompañar esa historia. Detrás de ellos, la pantalla mostraba el enorme logotipo de Nefarious sobre un fénix en llamas, el mismo motivo que ocupa la portada de Addicted to Power. Sin necesidad de buscarle demasiada simbología, resultaba bastante apropiado para una banda nueva formada por músicos que habían decidido empezar otra historia después de unas cuantas anteriores.

La hora no era precisamente la más amable. A las 16:30 el calor seguía siendo insoportable y en la zona de monitores pude distinguir tres pequeños ventiladores que, estuvieran funcionando o no, parecían una defensa bastante optimista contra aquello. Yo aguanté dos o tres canciones dentro del foso y ya estaba deseando salir de allí, así que tiene bastante mérito que los cinco mantuvieran ese nivel de actividad durante prácticamente una hora sin aparentar demasiado sufrimiento.
El repertorio permitió además conocer prácticamente de una sentada todo lo que era Nefarious en ese momento. Abrieron con 'Day After' y enlazaron enseguida con 'Addicted to Power' y 'Master Plan', antes de introducir 'Feeding On You', un tema más reciente que había acabado incorporándose como bonus track a la edición de 2026 de Addicted to Power con Rivera. Después llegarían 'Together We Rise' y 'Mirror Death', de manera que, aunque el orden no siguiese el del disco, durante el concierto terminaron interpretando los ocho temas de su debut.

Musicalmente ofrecieron exactamente el tipo de concierto que podía esperarse de semejante colección de currículos: thrash directo, sin demasiados adornos y ejecutado por una banda que se veía muy compenetrada. Rivera no era especialmente hablador ni buscaba una comunicación constante con las primeras filas, pero compensaba esa menor interacción verbal moviéndose bastante y cumpliendo perfectamente su papel como frontman. Y aquí apareció también la primera prueba de que el aumento de volumen era real: todo tenía bastante más pegada que durante las primeras horas de los días anteriores sin convertirse por ello en una bola de ruido.

El público tardó algo más en entrar en calor, aunque cinco valientes decidieron que montar un circle pit a aquellas horas era una excelente idea. Cinco personas tampoco constituyen exactamente una estampida, pero hay que reconocerles la voluntad. El repertorio dejó además espacio para mirar hacia el pasado de sus propios integrantes con 'Goblin's Blade', de Heathen, banda de la que Piercy formó parte, antes de regresar a Addicted to Power con 'Snarler' y 'Avatar of Chaos'.
Conforme avanzó el concierto la respuesta fue creciendo y, antes del tramo final, Rivera se tomó además el tiempo de presentar individualmente a todos sus compañeros, cada uno de ellos recibiendo su correspondiente aplauso, un gesto sencillo que curiosamente no habíamos visto demasiado durante todo el festival. Para entonces quedaba 'One Nation Enslaved', el último de los ocho cortes de Addicted to Power que faltaba por aparecer y también el tema con el que habían presentado inicialmente el proyecto al público.

En 'One Nation Enslaved' aquel pequeño círculo volvió a aparecer, esta vez bastante más nutrido, y hasta un niño decidió sumarse a la causa, lo que al menos permite confiar en que hay cantera. Podría haber sido un cierre bastante lógico después de haber recorrido completo Addicted to Power, pero todavía quedaba una última visita al pasado. 'Metal Command', de Exodus, puso el punto final con Hunolt tocando de nuevo uno de los temas de Bonded by Blood, el disco en el que él mismo había participado en 1985.
Después de un concierto que había servido para presentar a Nefarious prácticamente de arriba abajo, terminar recurriendo a Heathen y Exodus también recordaba de dónde venían buena parte de quienes ahora estaban intentando construir algo nuevo.
Si Nefarious habían abierto la jornada mirando directamente hacia la tradición del thrash de la Bay Area, Calva Louise llegaron inmediatamente después para comprobar cuánto tardaba algún purista en preguntarse qué demonios estaba ocurriendo. El trío, formado por la venezolana Jess Allanic, el francés Alizon Taho y el neozelandés Ben Parker, ofrecía probablemente la propuesta más moderna que había pasado hasta entonces por el festival, mezclando metal alternativo, electrónica y elementos bastante alejados del lenguaje tradicional del género.

Allanic alternaba guitarra y teclado, este último colocado sobre un soporte móvil que podía apartar cuando dejaba de utilizarlo, mientras Taho combinaba bajo y samplers y Parker parecía empeñado en demostrar que tres músicos podían generar ruido suficiente para bastarse y sobrar. Llegaban además con Edge of the Abyss todavía reciente y el repertorio se apoyó claramente en él, con ocho de los once temas procedentes del disco. Abrieron precisamente con 'Tunnel Vision' y 'W.T.F.', antes de pasar por 'El umbral', y más adelante aparecerían también 'Hate in Me', 'Impeccable', 'Under the Skin', 'Lo que vale' y 'Aimless'. Los tres huecos restantes sirvieron para recuperar 'Over the Threshold', 'Con corazón' y 'Oportunista', todos pertenecientes al trabajo anterior.

El salto entre inglés y español salía así de manera completamente natural dentro de un concierto que tampoco parecía demasiado preocupado por respetar otras fronteras. No era, seguramente, una propuesta pensada para el metalpaco más ortodoxo y, además, les había tocado presentarla en una jornada cuyo público estaba claramente condicionado por Avantasia. Musicalmente había bastante distancia entre ambos mundos, pero eso terminó importando bastante poco. Calva Louise fueron metiéndose al público en el bolsillo conforme avanzaba el repertorio y consiguieron que una propuesta que podía parecer extraña dentro de aquel cartel funcionase delante de gente que, en muchos casos, difícilmente habría ido a buscarlos por su cuenta.

También tuvieron ocasión de demostrar que detrás de la juventud y de una estética muy contemporánea había bastante oficio. La correa de la guitarra de Jess Allanic decidió dejar de colaborar, obligándoles a detenerse y comenzar de nuevo el tema, pero resolvieron el incidente con tanta naturalidad y simpatía que terminó jugando casi a su favor. Parecían estar pasándoselo realmente bien allí arriba incluso cuando las cosas no salían exactamente como estaban previstas.

Hubo además tiempo para algo bastante más serio. Allanic aprovechó uno de los descansos para hablar de las consecuencias de los terremotos que habían afectado a Venezuela y Colombia, pedir que no se olvidase a las víctimas y animar a ayudar o donar en la medida de lo posible. Poco después reconocía tener pánico escénico y bromeaba con la contradicción de dedicarse profesionalmente a subirse a escenarios, otro detalle que encajaba bastante bien con la espontaneidad que habían mostrado durante todo el concierto.

Todavía quedaban tres bandas y unas cuantas horas de festival, pero para entonces Calva Louise ya se habían convertido en mi principal candidato a grupo revelación de Sun & Thunder. Cuando terminó el fin de semana no encontré motivos para cambiar de opinión. No fueron necesariamente quienes ofrecieron el concierto más espectacular, pero sí la banda que más consiguió sorprenderme, precisamente porque era difícil que hubiese ido a buscarla por mi cuenta. Que además lograran ganarse a un público que había acudido en buena medida por algo tan alejado musicalmente como Avantasia terminó de reforzar esa impresión. Salí queriendo saber más de ellos y, después del festival, son una de las bandas a las que pienso seguir la pista
Con Primal Fear cambió otra vez el paisaje, pero esta vez también cambió claramente lo que ocurría delante del escenario. Habíamos visto muy buenos conciertos durante los tres días y bandas capaces de conseguir una respuesta considerable, pero hasta ese momento no había tenido una sensación tan clara de comunión entre prácticamente todo el público y lo que estaba ocurriendo sobre las tablas.

Que hubiese que esperar hasta la última tarde del festival para sentirlo de una manera tan evidente tampoco deja de ser sintomático. También se notaba que buena parte de quienes estaban allí eran el público que unas horas después esperaba a Avantasia, dos bandas bastante más cercanas entre sí que la propuesta de Calva Louise que acabábamos de ver.

La formación llegaba bastante renovada alrededor de los dos nombres históricos, Ralf Scheepers y Mat Sinner, acompañados por Magnus Karlsson y Thalìa Bellazecca a las guitarras y André Hilgers a la batería. Bellazecca se llevó bastantes miradas durante la actuación, pero el escenario seguía teniendo un dueño bastante evidente cada vez que Scheepers abría la boca. Su voz continúa siendo uno de esos instrumentos que parecen venir con un limitador distinto al del resto de los seres humanos. Y aquel sábado, además, íbamos a tener ración doble, porque unas horas después volvería a aparecer como uno de los invitados de Avantasia.

Después de la intro, 'We Walk Without Fear' abrió un repertorio que combinó bastante bien el presente de la banda con distintas etapas de su discografía. 'Destroyer' y 'I Am the Primal Fear' llegaron inmediatamente después, antes de que 'Nuclear Fire' provocase uno de los primeros grandes reconocimientos de la tarde. Más adelante aparecerían 'King of Madness', 'The Hunter' y 'The End Is Near', en una primera mitad de concierto que apenas dejó espacio para que bajase la intensidad.

El comienzo tuvo, eso sí, un pequeño problema con el bajo. Desde donde yo estaba no apreciaba nada especialmente extraño en lo que llegaba por las torres, pero Sinner llevaba un rato dejando bastante claro que él sí tenía algún problema y terminó sustituyendo directamente el instrumento. Qué fallaba exactamente en su cadena de señal es imposible saberlo desde fuera, así que mejor quedarse con lo que podía verse: algo no le convencía, se cambió el bajo y el concierto siguió adelante sin mayores consecuencias.

Scheepers repartía poses, sonrisas y gestos con el público con la tranquilidad de quien lleva media vida haciendo exactamente eso, y en algún momento decidió pedir que encendiéramos los flashes de los teléfonos. El pequeño problema era que seguía siendo plenamente de día. Recuerdo varias miradas alrededor con esa expresión colectiva de “Ralf, no se va a ver absolutamente nada”, aunque la gente terminó obedeciendo igualmente porque para entonces prácticamente todo le era concedido. Esa facilidad para conseguir respuesta reforzaba la impresión que venía dejando el concierto desde el principio: allí había mucha gente que conocía perfectamente las canciones y que había llegado con ganas de participar.

Curiosamente, uno de los momentos que mejor funcionó fue 'Fighting the Darkness'. En medio de un concierto construido alrededor de guitarras, agudos y bastante músculo, aquel medio tiempo consiguió una respuesta enorme y confirmó que la comunión con el público no dependía únicamente de tocar cada vez más rápido. Justo después llegó 'Final Embrace', recuperada de Jaws of Death, donde los coros de Karlsson, Bellazecca y Sinner formaban con Scheepers un bloque vocal especialmente potente. Las líneas de teclado llegaban pregrabadas, algo perfectamente habitual en una formación de estas características, aunque siempre lo diré: no me gusta un pelo. Mientras, sobre el escenario, los cinco se encargaban del resto con total solvencia.

El tramo final quedó ya reservado para dos temas con pocas posibilidades de fallar. 'Chainbreaker' preparó el terreno antes de que Scheepers jugase con uno de nuestros mayores patrimonios nacionales, la siesta, para presentar 'Metal Is Forever'. A esas alturas tampoco necesitaba esforzarse demasiado para conseguir la respuesta.

Primal Fear cerraron con prácticamente todo el mundo delante del escenario metido en la misma fiesta y dejaron probablemente la primera sensación realmente masiva de comunión entre banda y público de todo el festival. Que buena parte de aquellos mismos asistentes fuese a continuar unas horas después con Avantasia, y que el propio Scheepers fuese a reaparecer allí, terminó convirtiendo aquella tarde en una especie de doble turno para uno de los vocalistas más reconocibles del power metal.
Cuando llegó por fin el turno de Avantasia, todo lo que habíamos visto desde primera hora empezó a tener sentido. El telón, el espacio reservado, las estructuras que se intuían detrás y buena parte de las concesiones logísticas del día estaban allí por algo.

La única fecha española de Avantasia en 2026 tenía asignados alrededor de noventa minutos, cuando el espectáculo completo de la gira Here Be Dragons había superado ampliamente las dos horas en sus fechas propias, y eso planteaba un problema bastante evidente: había demasiado Avantasia para tan poco tiempo.
La solución fue comprimir, aunque no todos los elementos del espectáculo iban a pagar el mismo precio. Tobias Sammet contaba esta vez con Herbie Langhans, Kenny Leckremo, Ronnie Atkins, Ralf Scheepers y Chiara Tricarico en el apartado vocal, mientras Sascha Paeth y Arne Wiegand se ocupaban de las guitarras, André Neygenfind del bajo, Michael “Miro” Rodenberg de los teclados y Felix Bohnke de la batería.

Y entre tanto nombre conviene detenerse al menos un momento en Paeth, mano derecha musical de Sammet desde hace muchos años y mucho más que el guitarrista de la banda: en el propio Here Be Dragons volvió a encargarse junto a Tobias de la producción y grabación, además de asumir la mezcla. Buena parte del sonido de Avantasia pasa también por sus manos, y no únicamente a través de una guitarra eléctrica. Y, casualidades del calendario, mientras escribo estas líneas es 09/09 y Paeth está de cumpleaños. A la fecha solo le falta un 2 en medio para completar un guiño a Edguy.
Pero antes de contar quién iba apareciendo, había que hacer aparecer el propio escenario. 'Creepshow' me parece una canción casi perfecta para abrir un concierto y allí funcionó exactamente como debía. Bastó con que sonase el riff para que se notase que buena parte de la gente llevaba horas esperando precisamente aquello y, cuando cayó la enorme cortina con el logotipo de Avantasia que había mantenido oculto el montaje, todo estalló de golpe, para el delirio de los asistentes.

De inmediato atacaron con 'Reach Out for the Light', en la que reapareció Ralf Scheepers, apenas unas horas después de haber terminado su propio concierto con Primal Fear. Aquella noche dio perfectamente el tipo, aunque alguna nota se le resistiese en algún momento, algo que tampoco me parece especialmente grave después del esfuerzo que llevaba acumulado. Sammet tampoco estuvo al cien por cien durante los noventa minutos, pero sí mantuvo un buen nivel general. En un espectáculo con semejante exigencia vocal prefiero contar lo que ocurrió a convertir cualquier nota imperfecta en un drama.

Después entró Herbie Langhans para 'Devil in the Belfry', presentada por Sammet con una de esas dosis de seguridad tan particulares: creía que llevaban muchísimo tiempo sin tocarla, aunque inmediatamente reconoció que tampoco estaba del todo seguro. La recuperación funcionó y permitía seguir ampliando un concierto en el que cada nueva canción parecía traer consigo una combinación diferente de voces.
Hasta ese momento todavía había cierta incertidumbre sobre cuáles de los vocalistas que habían participado en la gira acabarían apareciendo realmente en Fuengirola. Una de las dudas se despejó con 'Avantasia', cuando Kenny Leckremo salió al escenario y recibió una de las ovaciones más fuertes de la noche. El sueco lleva relativamente poco tiempo dentro de este universo, pero la reacción dejó bastante claro el cariño que se ha ganado entre el público español.

Ahí se hacía inevitable hablar también de la gran ausencia de la noche. Tommy Karevik comenzaba ese mismo fin de semana una gira con Kamelot y no podía estar en Fuengirola, lo que había obligado a retocar considerablemente el repertorio. Con él desaparecieron temas que venía cantando en esta etapa, entre ellos 'The Witch', 'Dying for an Angel', 'Twisted Mind' o 'The Wicked Symphony'. No todo su material quedó fuera. 'Avantasia', por ejemplo, sobrevivió al reajuste con sus partes redistribuidas entre Sammet y Leckremo, demostrando también una de las ventajas de viajar con semejante colección de cantantes: cuando falta una pieza, hay bastante talento disponible para reorganizar el puzle.

'Let the Storm Descend Upon You' trajo por fin a Ronnie Atkins y terminó de despejar las dudas sobre el plantel de invitados que había llegado a Fuengirola. Scheepers, Langhans y Leckremo ya habían ido apareciendo uno tras otro y con Atkins quedaban presentadas todas las voces masculinas de la noche. Chiara Tricarico todavía no había dado el paso al frente, aunque ya estaba participando en el espectáculo desde los coros junto a Herbie. Más adelante se uniría plenamente a la fiesta.
Y no podía haber elegido Atkins un tema mucho mejor para presentarse. Si tuviera que quedarme con una sola canción del catálogo de Avantasia, probablemente sería 'Let the Storm Descend Upon You', así que tampoco parto precisamente desde la neutralidad. Sammet, Atkins y Langhans se repartieron sus diferentes partes y por primera vez tuvimos un gran momento construido realmente sobre tres voces principales. No se trataba ya de que un cantante sustituyese al anterior, sino de escuchar cómo timbres muy distintos se respondían, se cruzaban y terminaban construyendo juntos una canción que ya de por sí es enorme.

En 'Promised Land' continuó ese juego, esta vez con Atkins y Leckremo, y a esas alturas una de las grandes virtudes del concierto estaba siendo precisamente su agilidad. Con tanta gente entrando y saliendo, cambios de posición y un espectáculo escénico de semejante tamaño, habría sido muy fácil convertir cada transición en una pequeña mudanza. Durante buena parte de la actuación ocurrió justo lo contrario.
'The Toy Master' permitió comprobarlo de una manera bastante más gráfica. Es uno de los temas más teatrales de Avantasia y Sammet se metió perfectamente en el papel del siniestro maestro que Alice Cooper había interpretado en el disco. Para completar la escena apareció directamente un trono diabólico, o el trono del mal, si queremos darle el nombre científico que merece semejante aparato, cuya parte superior escupía fuego mientras Tobias ocupaba el centro de la escena. No se limitó a cantar delante de un decorado: durante aquellos minutos asumió realmente el personaje y convirtió la canción en una pequeña representación dentro del propio concierto.

El trono apareció, cumplió su función y desapareció con rapidez. Ahí se resumía bastante bien la dimensión de la producción que Avantasia habían llevado a Fuengirola: estructuras a distintas alturas, humo, cambios de atrezo y, por primera y única vez durante todo Sun & Thunder, pirotecnia, pero todo integrado dentro de un espectáculo que seguía avanzando con enorme fluidez. Visualmente no tuve en ningún momento la sensación de estar viendo una versión menor de Here Be Dragons. El recorte se estaba produciendo principalmente en el repertorio, no en el espectáculo.
Después llegó 'Shelter from the Rain', donde Ralf Scheepers tuvo que afrontar probablemente una de las papeletas vocales más complicadas de la noche. Le tocaba ponerse los pantalones de Michael Kiske, responsable de esas líneas en el disco, y además hacerlo después de que durante buena parte de la gira hubiese sido Kenny Leckremo quien se había encargado de defenderlas en directo, ya que Ralf no había estado presente en muchas de las fechas. Dos referencias bastante poco amables con las que compararse.

Quizá fuese precisamente en 'Shelter from the Rain' donde más se le notó el esfuerzo acumulado. Hubo algún momento en el que pareció sufrir más que en sus anteriores apariciones. Aun así, volvió a dar el tipo. No fue una ejecución inmaculada, pero tampoco necesitaba serlo para que quedase claro el mérito de lo que estaba haciendo.
En mitad del concierto apareció una de esas pequeñas escenas que resumen bastante bien a Tobias Sammet. Empezó pidiendo al público que sacaran el móvil con la linterna para hacerse una foto con todos. Ante la no muy intensa respuesta bromeó con que, después de haber estado tocando en Alemania, allí parecía que cada asistente llevaba ocho teléfonos encima. Incluso pidió al técnico que le apagase el foco de seguimiento.

Una vez conseguida la foto llegó la orden contraria: “Wonderful. Now get your phones back into your pockets. No photos, please!”, repitió entre risas, llegando incluso a “amenazar” con abandonar el escenario si no le hacían caso. porque, al fin y al cabo, era un “sissy chicken”. Los teléfonos debían desaparecer y ahora quería brazos en alto, aclarando también que podíamos mantenerlos unidos al cuerpo. A continuación llegaba 'Farewell', y nos dijo que ya sabíamos lo que había que hacer: el típico movimiento de brazos de un lado a otro. La gente obedeció sin rechistar.
El susodicho tema fue vocalmente, uno de mis momentos favoritos. Chiara Tricarico compartió el tema con Sammet y asumió de manera maravillosa la línea que Michael Kiske interpreta en la grabación original, esa que aparece al final comenzando con el “No farewell could be the last one...” mientras el estribillo continúa por debajo. Es una de esas especialidades compositivas que Sammet maneja especialmente bien cuando quiere hacer crecer emocionalmente una balada: el estribillo permanece, pero sobre él aparece una nueva melodía vocal que lleva la canción todavía un poco más arriba. Un recurso que a mí siempre me recuerda a lo que había hecho también en 'Land of the Miracle' de Edguy.

Y ya que hemos empezado con los detalles para enfermos de la discografía, merece la pena recordar qué significaba originalmente aquella voz de Kiske. Cuando The Metal Opera apareció en 2001, lo de “metal opera” no era simplemente una etiqueta grandilocuente: había una historia y los distintos cantantes interpretaban personajes dentro de ella. Sammet era el novicio Gabriel y Michael Kiske, acreditado entonces como Ernie, daba voz al druida Lugaid Vandroiy. 'Farewell' era, por tanto, parte de una narración y no simplemente una canción con un invitado famoso haciendo una aparición estelar. Ahora es Chiara quien lleva precisamente aquella línea de Lugaid Vandroiy y la hizo de maravilla. Y, por muy sacrílego que pueda sonar para algunos, aquella noche me gustó incluso más que Kiske en esa parte.
Sammet aprovechó después para insistir en su relación con España porque, según él, estamos locos, en el mejor sentido posible: un público especialmente fiel, entregado y ruidoso. En un momento aseguró que mientras Avantasia siguiese en marcha nunca dejarían de venir por aquí. Hizo entonces una pequeña pausa, apareció esa sonrisa pícara tan suya y añadió algo en la línea de “bueno... o con Edguy”. No hizo falta explicar nada más. La reacción de entusiasmo fue inmediata.

Y entonces llegó 'The Scarecrow'. El tema había dado nombre en 2008 al disco que abrió una nueva etapa para un proyecto que originalmente ni siquiera había sido concebido para convertirse en el gigantesco espectáculo en directo que conocemos hoy. Tras las dos entregas de The Metal Opera, Sammet tardó años en llevar Avantasia a los escenarios, hasta que en 2008 llegaron finalmente aquellos primeros conciertos. Visto desde el presente resulta difícil imaginar que todo este circo de vocalistas, personajes y escenografías necesitase alguna vez que alguien convenciera a su creador para sacarlo de los discos.
Y de vuelta a Fuengirola, 'The Scarecrow' fue uno de los grandes momentos de la noche. Ronnie Atkins compartió las voces principales con Sammet, mientras Herbie Langhans y Chiara Tricarico no solo hacían coros sino que se marcaban pequeñas coreografías en plan broma. Mientras la canción seguía creciendo, Sammet se subió con ellos, y acabó cantando arriba, entre las rejas y las columnas de humo. Había tantas cosas ocurriendo al mismo tiempo que resultaba difícil decidir dónde mirar.

Para 'Lucifer' todavía faltaba el piano. Avantasia no siempre han sacado este elemento cuando he visto el espectáculo en directo y en alguna ocasión me había quedado sin esa parte, pero en Fuengirola llegó con ceremonia completa. Sammet se sentó delante y reconoció que era un teclista terrible, aunque su “hunger for attention” era superior a su miedo a hacer el ridículo. A partir de ahí empezó a recorrer teclas blancas, negras, escalas arriba y abajo y hasta a bromear con que alguna debía de estar rota, todo como introducción a su habitual defensa de que en Avantasia no hay partes pregrabadas ni inteligencia artificial haciendo el trabajo por ellos.
Después de semejante demostración de virtuosismo entró 'Lucifer', con todo su dramatismo e intensidad, y ese momentazo final con la hilera de llamas recorriendo la zona superior del piano mientras Tobias seguía tocando. Toda aquella secuencia fue bastante extensa y aquí regresaba inevitablemente el problema de los noventa minutos. Es imposible no pensar que entre sacar el piano, la broma de las teclas, el discurso y el propio efecto se marcharon unos minutos con los que quizá habría cabido otra canción.

Tampoco sería justo ignorar la otra mitad de la ecuación. Avantasia también es esto. Buena parte de quienes habían acudido allí no querían simplemente escuchar doce canciones una detrás de otra: querían ver el espectáculo de Avantasia. Yo habría cambiado algo de fuego por música, pero entiendo perfectamente que Sammet eligiese no hacerlo.
Sammet quiso también dedicar tiempo a agradecer el trabajo de la gente que había hecho posible aquello y uno de los gestos que más me gustaron fue precisamente que presentase al crew y pidiese un aplauso para técnicos y asistentes. Después de pasar todo el día viendo cómo aquella escenografía condicionaba el escenario, no estaba de más recordar a quienes llevaban horas montando semejante monstruo para permanecer después completamente invisibles.

El cierre llegó con el habitual medley de 'Sign of the Cross / The Seven Angels', reuniendo esta vez a todos los vocalistas antes de que la pantalla terminase mostrando un sencillo “Muchas gracias Málaga”. Después de noventa minutos, doce canciones, once músicos entrando y saliendo, humo, fuego, un trono diabólico, un piano con aspiraciones incendiarias y una escenografía que había condicionado el escenario desde primera hora de la tarde, me quedé con dos sensaciones perfectamente compatibles.
La primera es que Avantasia habían conseguido condensar una parte enorme de su espectáculo sin convertirlo en una versión visualmente descafeinada de Here Be Dragons. Al final, el problema era exactamente el que parecía antes de empezar: había demasiado Avantasia para tan poco tiempo.

Y después de todo aquello tocaba cerrar el festival. A medianoche, Soen tenían una de las posiciones más complicadas de toda la jornada: salir inmediatamente después del gigantesco despliegue de Avantasia y cambiar por completo el lenguaje. Donde unos acababan de utilizar once músicos, fuego, estructuras y una producción diseñada para ocupar prácticamente cada rincón disponible, los suecos regresaban a algo mucho más sobrio, atmosférico y construido desde las propias dinámicas de las canciones.

Para entonces también había quedado bastante claro hasta qué punto aquel sábado había terminado convirtiéndose en el Avantasia Metal Fest: una parte considerable del público de Tobias Sammet y compañía abandonó el recinto después de su concierto y Soen, probablemente la otra gran banda de la jornada, se encontraron delante a bastante menos gente.

Tampoco debería sorprender demasiado: por mucho que compartan espacio dentro de un festival de metal, Avantasia y Soen no arrastran exactamente al mismo público. Son propuestas bastante distintas y aquella noche se notó claramente en la afluencia después del concierto de Avantasia. Personalmente puedo disfrutar prácticamente por igual de ambas y me habría encantado que más gente compartiese ese doble interés, porque Soen ofrecieron un concierto de banda grande y merecían un público mucho más numeroso.

Lo importante es que los que se quedaron sí estaban allí de verdad. Joel Ekelöf a la voz y Martin Lopez a la batería encabezaban una formación completada por Lars Enok Åhlund a los teclados y la guitarra, Cody Lee Ford a la guitarra y el regreso de Stefan Stenberg al bajo. El repertorio dedicó una parte importante a su material más reciente. 'Primal', 'Mercenary' y 'Discordia' llevaron al escenario el entonces recién publicado Reliance, mientras 'Memorial', 'Violence' y 'Unbreakable' mantuvieron una presencia considerable del disco anterior.

Y ese presente funciona especialmente bien sobre un escenario. Soen construyen buena parte de su música desde las dinámicas, dejando que los pasajes más delicados respiren alrededor de la voz de Ekelöf antes de volver a endurecer el conjunto, con Martin Lopez gobernando desde atrás buena parte de esos cambios de intensidad. 'Memorial' y 'Discordia' permitieron moverse entre esa vertiente más atmosférica y otra bastante más contundente, mientras temas como 'Primal' o 'Mercenary' demostraban que el material de Reliance encajaba perfectamente junto a canciones que ya llevaban unos años formando parte del repertorio.

El tramo en el que aparecieron 'Violence' y 'Unbreakable' terminó de confirmar además que el tamaño de la audiencia no estaba diciendo demasiado sobre su nivel de implicación. Había claramente menos gente que durante Avantasia, pero la que permanecía delante del escenario estaba completamente entregada. Cuando terminó el concierto, pasada ya la una de la madrugada y después de tres jornadas completas, todavía hubo espectadores durante varios minutos reclamando otra canción. De cualquier modo, Soen fueron para mí los otros grandes triunfadores de la jornada.
Dos despedidas muy distintas
El sábado había empezado pareciendo el Avantasia Metal Fest y, en muchos aspectos, lo fue. Pero por el camino Nefarious levantaron un circle pit bajo un sol criminal, Calva Louise se convirtieron en una de mis grandes sorpresas del festival, Primal Fear lograron por fin esa comunión masiva entre banda y público que había echado de menos durante los días anteriores y Soen demostraron, ante menos gente de la que merecían, que también estaban entre los grandes triunfadores de la jornada. La última tarde de Sun & Thunder terminó teniendo bastante más historia que la de un cabeza de cartel y sus “teloneros”.
Y hubo, curiosamente, dos despedidas. Avantasia cerraban en Fuengirola su gira antes de un descanso prolongado de los escenarios, aunque en su caso todo apunta claramente a un hasta luego y no a un final. Para Sun & Thunder, en cambio, sí fue el final: la organización confirmó poco después que no habría una tercera edición. Y es una pena, porque sobre los escenarios hubo argumentos de sobra y a las bandas, en general, pocos peros se les pueden poner. Los problemas y las razones de un desenlace que ya hemos analizado en profundidad fueron otros. Sun & Thunder se despedía así después de solo dos ediciones, precisamente cuando todavía quedaba gente delante del escenario que no quería que aquella última noche terminase.
Pincha sobre los siguientes enunciados para leer todas las crónicas y todo lo acontecido antes, durante y después del festival.
- Análisis profundo del SUN & THUNDER
- Crónicas primera jornada - Jueves 27
- Crónicas segunda jornada - Viernes 28
Texto y fotos: Dr. Reifstein



