Marenostrum Fuengirola – Jueves 27 de Agosto de 2026
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Entre el calor, los contrastes y la magia de las Islas Feroe
El primer día de Sun & Thunder empezó para nosotros con un pequeño retraso, nos perdimos las actuaciones de Airos y Tempest Saint y llegamos a Marenostrum Fuengirola a tiempo para ver a Siddharta. Yo, además, llevaba toda la tarde incubando algo que terminaría pasando factura unas horas después. En ese momento todavía confiaba en que fuese simplemente cansancio, calor o las consecuencias de haber llegado desde A Coruña, que tampoco es precisamente un paseo. Pero dejémonos de dramas personales y vamos a lo que importa.
Sobre el festival en cuestión, ya hablamos la pasada semana en este intenso y completo articulo, el cual os recomendamos leer para conocer un poco más los entresijos de este festival.
Ahora, vamos con la parte musical.

Siddharta jugaba en casa. La banda malagueña afrontaba su actuación ante un público que conocía bien sus canciones y supo aprovechar esa cercanía para ofrecer un concierto solvente, con un repertorio de rock melódico que fue entrando poco a poco.
‘Títere‘ fue la encargada de abrir el concierto, seguida inmediatamente por ‘No te rindas’. Con solo media hora disponible, tampoco había demasiado tiempo que perder. ‘M.U.A.’ y ‘Nadia‘ mantuvieron el pulso de un repertorio corto pero bien escogido antes de llegar a uno de sus momentos más interesantes con ‘Octubre‘. La canción dejó incluso espacio para pequeños guiños a Deep Purple y Led Zeppelin, antes de que ‘Sueña‘ pusiera el punto final.

A la puesta en escena no le ponemos pegas. Las proyecciones combinaban el logotipo de la banda con animaciones relacionadas con sus portadas, mientras los músicos se encargaban de que hubiese movimiento suficiente delante de la pantalla. Fernando Pleite estuvo solvente a la voz, acompañado por las dos guitarras de Daniel Norber y Fran Benítez, mientras José Antonio Moreno sacaba bastante partido a un kit de batería relativamente compacto, bien complementado en la base rítmica con el bajo de Paco Martín.
Y precisamente el bajo fue uno de esos pequeños detalles que se me quedaron grabados. No tanto por una cuestión musical como por ese mástil fosforescente imposible de ignorar cada vez que las luces incidían sobre él. La banda, en general, tampoco paró demasiado quieta y defendió sus canciones con oficio durante los escasos treinta minutos de los que disponía.
En positivo, que entre nombres internacionales y bandas llegadas de lugares muy distintos hubo espacio para que una formación de Málaga reivindicase su sitio delante de su propia gente. Y para nosotros Siddharta significó además algo mucho más sencillo: después de perdernos los dos primeros conciertos, por fin empezaba nuestro Sun & Thunder, y de muy buena manera.
Y de una banda malagueña pasamos a otra que, sin jugar en casa, dejó claro desde el primer minuto que había venido a por todas. Desde Coslada, Débler Eternia salió al escenario con una actitud que merece ser destacada: primera tarde de festival, calor, una asistencia todavía bastante moderada… y ellos tocando como si aquello estuviera hasta arriba, con ganas de exprimir la hora de actuación que tenían por delante.

La introducción ‘Elizabeth‘, con su parte narrada y las correspondientes proyecciones en la pantalla de fondo, sirvió para que los músicos fueran apareciendo progresivamente. Primero Pablo Rodríguez a la batería, después Juan Fernández al bajo y Javi Javat a la guitarra. Este último tardó poco en apropiarse de una de las plataformas del escenario y, a juzgar por el resto del concierto, no tenía demasiada intención de abandonarla. Luego se incorporaron Dani Fuentes con el violín, Rubén Kelsen a la voz y Juwdix como apoyo vocal. Esa entrada desembocó en ‘Bathory‘, perteneciente a su excelente Lacrimosa, publicado en 2025.

El sonido acompañó y la banda puso toda la carne en el asador desde el principio. Tras ‘Bathory’ llegó ‘Polvo de estrellas’, con Javat instalado ya en su plataforma y pidiendo colaboración. Saltaba, sonreía, pedía palmas y buscaba constantemente a las primeras filas. Durante ‘La promesa del mar’, tercer tema del concierto, Juwdix y Rubén Kelsen aparecieron empuñando espadas. Porque si algo necesita un concierto de Débler Eternia es, evidentemente, espadas y escenografía. No sé si existe una manera mucho más directa de dejar claro que aquí hemos venido a montar un espectáculo. Su actitud fue de diez. Hacia el final del tema, un miembro del equipo terminó de completar la escena desplegando una bandera con el logotipo de Adictium.

El concierto continuó con ‘Mi oscuridad’, ‘El infierno soy yo’ y ‘Eterna soledad’, un tramo en el que fue especialmente fácil fijarse en Rubén Kelsen. Estuvo francamente bien durante buena parte del repertorio, sobre todo en unos agudos que resolvió con bastante seguridad. Pablo Sabater aportaba con el violín uno de los elementos que más separan a Débler Eternia de una formación convencional de power metal, mientras Juwdix reforzaba las voces y el componente teatral del conjunto.
Con una formación tan numerosa podía haber sido fácil que aquello terminase convertido en un pequeño caos, pero ocurrió más bien lo contrario. Cada uno encontraba su espacio y, sobre todo, daba la impresión de estar pasándoselo bien. Esa sensación terminó contagiándose a un público que, aunque seguía sin llenar el recinto, respondía cada vez más a las peticiones de palmas y brazos en alto.

Confieso que hasta ese momento había sido algo escéptico con Débler Eternia. Los numerosos cambios de formación y todo lo que había rodeado al grupo durante los últimos años me habían hecho acercarme a ellos con ciertas reservas. Verlos en directo me sirvió para quitármelas de encima.
‘Nada nos podrá parar’ aceleró el concierto camino de la recta final y dejó paso a ‘La procesión de los borrachos’, antes de llegar a ‘Adictium‘. cuyo comienzo no terminó de salir bien. A esas alturas, la voz también había perdido algo de la fuerza que había mostrado durante el resto del concierto, pero no fue nada especialmente grave. Quedaba todavía ‘Afrodissia‘ para cerrar una hora de concierto que, en conjunto, me pareció bastante mejor de lo que esperaba.

Quizá lo más destacable de Débler Eternia no fueron las espadas, ni el violín, ni siquiera una canción determinada. Fue la actitud. En un festival que todavía estaba despertando y con bastante espacio libre delante del escenario, ellos decidieron tocar como si estuvieran ante miles de personas, con una sonrisa prácticamente permanente y sin reservarse demasiado. Y eso, cuando una jornada no ha hecho más que empezar, se agradece mucho.
Eivør era, probablemente, una de las apuestas más arriesgadas de todo Sun & Thunder. En un festival de un solo escenario, situar como cabeza de cartel a una artista tan personal, difícil de clasificar y alejada de algunos de los códigos más reconocibles del metal no deja de ser una decisión valiente.
Y lo digo también por experiencia propia. Ya había visto a Eivør en otro festival hace dos años, y allí su música no terminó de calar de la misma manera. No necesariamente por ella, sino por el contexto: demasiada gente hablando alrededor, movimiento constante y un ambiente que hacía difícil entrar en su universo.
Eivør necesita que la escuches. Necesita atención, y por suerte en Fuengirola se alinearon los astros y el escenario único jugó a su favor. ‘Jarðartrá‘ abrió el concierto y ‘Salt‘ empezó a mostrar muy pronto hasta dónde podía llegar una actuación que iba a tener poco que ver con todo lo escuchado durante la tarde. Espero no escribir mal los nombre… ‘Í Tokuni‘ y ‘Drekafljóð‘ terminaron de establecer ese espacio propio en el que tradición, electrónica y rock conviven con absoluta naturalidad.
Eivør tampoco estaba sola. La formación de directo que la acompaña en esta etapa incluye a Mattias Kapnas a los teclados, Mikael Blak al bajo y sintetizadores y Per Ingvaldur Højgaard Petersen a la batería, una banda muy acostumbrada a trabajar alrededor de su voz sin disputarle el centro de atención.
El volumen estuvo considerablemente más bajo de lo que estamos acostumbrados a encontrar en un festival de metal, pero resultó suficiente. De hecho, subirlo mucho más quizá habría jugado en contra de una música en la que importan tanto las texturas y los pequeños detalles. Había espacio para escuchar la percusión, los sintetizadores, el bajo y, por supuesto, una voz que iba ocupando prácticamente todo lo que encontraba a su alrededor.

Tras ‘Drekafljóð‘ llegó ‘Healer‘, precedida por su introducción, antes de enlazar con ‘Let It Come’ y ‘So Close to Being Free‘. El repertorio podía cambiar bastante de tono de una canción a otra sin que el concierto perdiese continuidad. Ese tramo central sirvió también para comprobar que la parte electrónica no estaba allí como simple decoración, sino integrada dentro de una música en la que lo orgánico y lo procesado se mezclaban continuamente.
Porque Eivør no utiliza la voz de una única manera. Puede sonar delicada y casi etérea y, segundos después, convertirla en algo gutural, áspero y prácticamente percusivo. También cambia de instrumento con una facilidad que hace que la puesta en escena nunca resulte estática. Cuando toma el bodhrán, todo adquiere un carácter mucho más ancestral; cuando se cuelga la guitarra, el concierto se acerca de forma más evidente al rock.

‘Lívstræðrir’ dio paso a ‘The Last Kingdom’, presentada como tema principal de la serie homónima, seguida de ‘Hymn 49′, antes de regresar al material propio con ‘Enn’, interpretada sin introducción, y ‘Upp úr øskuni’. La presencia de canciones tan distintas dentro de un mismo repertorio explicaba mejor que cualquier etiqueta por qué resulta tan difícil definir exactamente lo que hace Eivør.
El concierto, además, tenía continuidad. No daba la sensación de estar esperando constantemente el siguiente estribillo o el siguiente momento espectacular. Las canciones iban construyendo una atmósfera común, con Mattias Kapnas, Mikael Blak y Per Ingvaldur Højgaard Petersen dejando el espacio necesario para que Eivør pudiera pasar de la voz a la percusión o a la guitarra sin que el conjunto perdiese cuerpo.
La recta final fue maravillosa. ‘Gullspunnin‘ abrió el último bloque antes de que ‘Trøllabundin‘, probablemente una de las canciones que más gente esperaba escuchar, volviese a colocar el componente rítmico y vocal en primer plano. ‘Falling Free’ quedó para el cierre, poniendo fin a una hora y media en la que el recinto había terminado funcionando de una forma muy distinta a la de cualquier otro momento de la jornada.
¿Es folk? ¿Es rock? ¿Es música experimental? ¿Es metal? Probablemente haya un poco de todo y, al mismo tiempo, ninguna de esas etiquetas termine de servir por sí sola. Lo que sí quedó claro es que el público entró en su mundo. Y eso hace todavía más interesante la decisión de colocarla en esa posición del cartel. Llevar a un festival de metal en Málaga a una artista de las Islas Feroe que mezcla tradición, electrónica, percusión, guitarras y técnicas vocales poco habituales podía salir muy bien o dejar a buena parte del recinto mirando el reloj, pero en mi opinión funcionó.
Hay algo especialmente curioso en que una artista capaz de llevarte mentalmente hasta los paisajes del Atlántico Norte consiguiera hacerlo en pleno agosto, rodeada por el calor malagueño y con el Mediterráneo a unos metros. No parece la combinación más lógica del mundo, pero durante hora y media tuvo todo el sentido. Quizá Eivør no fuese la elección más evidente para ocupar ese lugar en Sun & Thunder. Precisamente por eso terminó siendo una de las actuaciones que más personalidad dieron a esta primera jornada.
En mi caso, esta última parte de la noche tuvo que cubrirla mi compañero Álvaro Geneiro. A lo largo de la tarde me había ido encontrando progresivamente peor y, cuando llegó el momento de Harakiri for the Sky, no me quedó otra que abandonar el recinto. Una auténtica lástima, especialmente porque tenía ganas de verles, pero a veces el cuerpo también decide qué conciertos vas a cubrir. Por mi parte, me fui del Marenostrum con la esperanza, bastante literal, de encontrarme mejor al día siguiente y poder continuar con el festival.
El cambio de registro tras Eivør fue radical con Harakiri for the Sky. Los austriacos llevaron la noche hacia un terreno mucho más oscuro y agresivo, pasando de la atmósfera y la delicadeza de la artista feroesa al post-black metal de guitarras afiladas y voces desgarradas. El contraste llamaba especialmente la atención por la colocación de ambas actuaciones una detrás de otra.

Apenas unos minutos antes, Eivør había construido buena parte de su concierto alrededor de los silencios, las texturas y una interpretación mucho más contenida. Con Harakiri for the Sky, la jornada entraba de lleno en un lenguaje bastante más áspero, denso y visceral.
En el centro del proyecto están Michael ‘J.J.’ Kogler, encargado de las voces, y Matthias ‘M.S.’ Sollak, multiinstrumentista y principal responsable de la composición. Son los dos nombres que han sostenido Harakiri for the Sky desde su formación, aunque para el directo se rodeen de más músicos. Entre los temas que sabemos que formaron parte del repertorio estuvieron ‘Fire, Walk With Me’, ‘Funeral Dreams’ y ‘Keep Me Longing’. Esta última, perteneciente a Scorched Earth, su disco de 2025, quedó para el final de la actuación. Las tres bastan para entender el cambio de temperatura musical respecto a lo que acababa de ocurrir sobre el mismo escenario.

Más que romper con el resto del día, ese salto de estilo enseñaba otra de las caras de Sun & Thunder. En un mismo escenario habían pasado bandas con muy poco que ver entre ellas, y colocar consecutivamente a Eivør y Harakiri for the Sky fue seguramente el ejemplo más extremo de esa variedad, aunque debo decir que su propuesta no terminó de conectar con el respetable… ¡otra vez será!
Texto: Dr. Reifstein
Texto: Harakiri for the Sky: Álvaro Geneiro
Fotos Siddharta – Harakiri for the Sky: Sun & Thunder
Fotos Eivør Y Debler Eternia: Dr. Reifstein



