Mike Wengren, batería y uno de los miembros fundadores de la banda estadounidense DISTURBED, hablo sobre los primeros años de la banda con Modern Drummer, donde también comentó como fue el ascenso de DISTURBED desde que tocaban en garitos de Chicago hasta estar en grandes estadios.
En agosto de 1996 fue cuando formamos DISTURBED. Dan Donegan, el guitarrista, y yo llevábamos juntos desde 1992 con diferentes nombres y con diferentes formaciones, simplemente intentando descubrir cómo hacerlo funcionar. Habíamos puesto un anuncio en el periódico de Chicago, que por aquel entonces se llamaba Illinois Entertainer. Pasamos literalmente por 50 o 60 audiciones diferentes. Y entonces, un día, llegó David Draiman, el actual cantante de DISTURBED. Nos habíamos acostumbrado a la rutina de: 'Bueno, señor cantante, ¿Qué versiones conoce?' David entra y le preguntamos: " ¿Qué versiones conoce?". Y él nos dice: "¿Tienen alguna suya original?". Le respondemos: "Sí, claro que sí". Nos dice: "Pues hagan eso". Le dijimos: "¿Qué vas a hacer? Es original. No conoces nuestra canción. Nunca la has escuchado". Y él dice: "Tóquenla y se me ocurrirá algo". Así que empezamos con una canción, y él empezó a improvisar una melodía rítmica, una línea vocal. Nos mirábamos y dijimos: "Esto es genial". Alguien con iniciativa, alguien con identidad. Fue emocionante. Y desde ese momento, supimos que era el indicado.
En Chicago, en aquellos días, había una especie de escena pop-rock alternativo con bandas como SMASHING PUMPKINS, VERUCA SALT o LOCAL H. No formábamos parte de eso. No formábamos parte del club de los Cool Kids. Nos consideraban demasiado pesados. Así que, en cuanto a hacernos notar en el área de Chicago, era muy complicado, no podíamos conseguir un concierto allí ni para salvar nuestras vidas. Así que tuvimos que ir a los suburbios, a los bares de mala muerte del South Side e intentar crear nuestra propia escena. Había un grupo de amigos nuestros en otras bandas, y simplemente creamos nuestra propia escena. Tocábamos en bares locales. Ni siquiera eran clubes. Y con el tiempo empezamos a empacar. Éramos una máquina de autopromoción. El poco dinero que ahorrábamos tocando en un concierto, grabábamos una maqueta, un cassette de demos. Producíamos en masa estas maquetas de tres canciones, y ya fuera un concierto local o nacional de nuestro género, salíamos tantas noches a la semana como podíamos a promocionarnos. Nos quedábamos afuera del show al que ibamos y al terminar el concierto repartíamos las cassettes, solo para intentar darnos a conocer. La gente empezó a prestar atención, no solo por la música, sino porque nos asegurábamos de estar ahí, de ser vistos, de conectar. No había redes sociales, así que interactuábamos con tanta gente como podíamos. Si había varios conciertos esa noche, simplemente nos dividíamos y conquistábamos a la salida. Nos separábamos. Todo se trataba de crear una marca, de darnos a conocer. Nos convertimos en una máquina de autopromoción.




