ARTISTA: THE BLACK CROWES
ÁLBUM: A Pound of Feathers
SELLO: Silver Arrow Records
FECHA: 13 de Marzo de 2026
![]()
Cuatro décadas después de su nacimiento en Atlanta, The Black Crowes vuelven a encontrarse
en un lugar improbable: nominados por segunda vez al Rock & Roll Hall of Fame y con un
nuevo álbum que intenta demostrar que su regreso triunfal no fue un accidente. A Pound of
Feathers llega apenas dos años después de Happiness Bastards (2024), el disco que selló la
reconciliación definitiva entre los hermanos Chris Robinson y Rich Robinson y devolvió a la
banda al primer plano, con nominación al Grammy incluida (aunque el premio terminó
cayendo en manos, ni más ni menos, que de Sus Satánicas Majestades , sus “papis”
espirituales, los Rolling Stones).
en un lugar improbable: nominados por segunda vez al Rock & Roll Hall of Fame y con un
nuevo álbum que intenta demostrar que su regreso triunfal no fue un accidente. A Pound of
Feathers llega apenas dos años después de Happiness Bastards (2024), el disco que selló la
reconciliación definitiva entre los hermanos Chris Robinson y Rich Robinson y devolvió a la
banda al primer plano, con nominación al Grammy incluida (aunque el premio terminó
cayendo en manos, ni más ni menos, que de Sus Satánicas Majestades , sus “papis”
espirituales, los Rolling Stones).
¿Estamos ante la consolidación de una segunda vida para The Black Crowes o simplemente
ante una fórmula clásica que vuelve a funcionar porque la banda vuelve a creer en ella?
Conviene empezar con un matiz: hablar hoy de “banda” puede ser discutible. En esta nueva
etapa, The Black Crowes ya no operan como una formación clásica, para disgusto de muchos
fans de la era más mítica, que siempre entendieron el proyecto como un organismo colectivo y
no como un satélite alrededor de los hermanos Robinson.
ante una fórmula clásica que vuelve a funcionar porque la banda vuelve a creer en ella?
Conviene empezar con un matiz: hablar hoy de “banda” puede ser discutible. En esta nueva
etapa, The Black Crowes ya no operan como una formación clásica, para disgusto de muchos
fans de la era más mítica, que siempre entendieron el proyecto como un organismo colectivo y
no como un satélite alrededor de los hermanos Robinson.
Eso no significa que el resto de los músicos de A Pound of Feathers no estén presentes. La
formación actual figura acreditada y la ejecución muestra cohesión y energía real, el disco
transmite la sensación de una banda tocando junta y en caliente. Pero la brújula creativa
apunta inequívocamente hacia los hermanos Chris Robinson y Rich Robinson, y todo indica
que ese reparto de fuerzas no va a cambiar.
formación actual figura acreditada y la ejecución muestra cohesión y energía real, el disco
transmite la sensación de una banda tocando junta y en caliente. Pero la brújula creativa
apunta inequívocamente hacia los hermanos Chris Robinson y Rich Robinson, y todo indica
que ese reparto de fuerzas no va a cambiar.
La producción vuelve a estar en manos de Jay Joyce, arquitecto sonoro también de Happiness
Bastards. Un detalle significativo es que el disco se grabó en apenas diez días, batiendo el
récord del álbum anterior, que necesitó algo más de dos semanas. Ese ritmo de trabajo
imprime al álbum una sensación de inmediatez que le sienta como anillo al dedo (y sabemos
que muchas veces, las mejores tomas son también las primeras).
Bastards. Un detalle significativo es que el disco se grabó en apenas diez días, batiendo el
récord del álbum anterior, que necesitó algo más de dos semanas. Ese ritmo de trabajo
imprime al álbum una sensación de inmediatez que le sienta como anillo al dedo (y sabemos
que muchas veces, las mejores tomas son también las primeras).
Ahora bien, rapidez no significa descuido. Destaca mucho lo que nos ofrece Chris Robinson,
que juega con la voz con una variedad de registros realmente notable. Hay momentos en los
que sus fraseos, las dobles pistas, las armonías y los coros generan la impresión de que en el
estudio hay dos o tres vocalistas distintos. Esa sensación aparece ya desde “Profane
Prophecy», donde su interpretación se multiplica y empuja el tema hacia un terreno
especialmente expresivo.
que juega con la voz con una variedad de registros realmente notable. Hay momentos en los
que sus fraseos, las dobles pistas, las armonías y los coros generan la impresión de que en el
estudio hay dos o tres vocalistas distintos. Esa sensación aparece ya desde “Profane
Prophecy», donde su interpretación se multiplica y empuja el tema hacia un terreno
especialmente expresivo.
El mérito, en todo caso, no está solo en la materia prima, sino también en cómo Jay Joyce la
entiende y la entrega. El tratamiento de las guitarras es especialmente fino, con sonidos
adaptados a lo que pide cada canción, desde riffs más insolentes hasta capas más
atmosféricas. A eso se suman arreglos de teclado y órgano que generan ambientes y
sonoridades variadas, momentos más acústicos, coros femeninos que amplían el campo de
visión y una base rítmica con pegada. Quizá ese grado de control le reste algo de crudeza, incluso cierta autenticidad primitiva, pero también deja claro que aquí no se ha dejado
absolutamente nada al azar.
entiende y la entrega. El tratamiento de las guitarras es especialmente fino, con sonidos
adaptados a lo que pide cada canción, desde riffs más insolentes hasta capas más
atmosféricas. A eso se suman arreglos de teclado y órgano que generan ambientes y
sonoridades variadas, momentos más acústicos, coros femeninos que amplían el campo de
visión y una base rítmica con pegada. Quizá ese grado de control le reste algo de crudeza, incluso cierta autenticidad primitiva, pero también deja claro que aquí no se ha dejado
absolutamente nada al azar.
El resultado es un disco que suena físico, casi sudoroso. Cuando A Pound of Feathers pisa el
acelerador, lo hace con chispa, con alegría y con una energía contagiosa que demuestra que la
banda todavía sabe encender la mecha del rock sureño con absoluta naturalidad. Transmite
una sensación de combustión que impulsa sus momentos más vitales.
acelerador, lo hace con chispa, con alegría y con una energía contagiosa que demuestra que la
banda todavía sabe encender la mecha del rock sureño con absoluta naturalidad. Transmite
una sensación de combustión que impulsa sus momentos más vitales.
Hay riffs que despliegan pura arrogancia setentera y referencias que flotan en el aire desde el
mismísimo arranque, con ecos evidentes de The Rolling Stones y Led Zeppelin. Pero el álbum
no se limita a vivir de esa herencia. Entre los pasajes más directos aparecen también
momentos más atmosféricos e incluso destellos de oscuridad que amplían el paisaje sonoro
del disco.
mismísimo arranque, con ecos evidentes de The Rolling Stones y Led Zeppelin. Pero el álbum
no se limita a vivir de esa herencia. Entre los pasajes más directos aparecen también
momentos más atmosféricos e incluso destellos de oscuridad que amplían el paisaje sonoro
del disco.
La dualidad sugerida en el título, ligereza y peso, actúa casi como el principio que organiza el
disco. Como si se tratara de un pequeño sistema en equilibrio, A Pound of Feathers oscila
constantemente entre dos polos. En el lado más volátil, el primer single “Profane Prophecy”
irrumpe con actitud y energía a raudales, representando el yin más ligero del álbum.
En el otro extremo aparece el peso específico del disco, que se manifiesta en momentos más
densos y atmosféricos repartidos a lo largo del tracklist . Ese proceso culmina en el tema que
cierra el álbum, “Doomsday Doggerel” , donde el yang se impone con un final sombrío y
evocador que recuerda que la banda todavía sabe sonar peligrosa. Entre ambos polos, el
álbum se mueve entre la fiesta rocanrolera y una melancolía que se filtra en pequeñas grietas.
Por supuesto, A Pound of Feathers no es una reinvención total. ¿Continuismo? En parte, sí.
Pero lo que realmente transmite el álbum es convicción. The Black Crowes no intentan
redefinir su lenguaje ni romper con su ADN, pero tampoco se limitan a repetirlo con piloto
automático. Aquí hay oficio, hay un amor evidente por el rock’n’roll, y la sensación de que los
hermanos Chris Robinson y Rich Robinson siguen creyendo plenamente en lo que hacen. Y
ahora sí, dejemos de sobrevolar el álbum y lancémonos en picado al meollo de la cuestión: las
canciones.
disco. Como si se tratara de un pequeño sistema en equilibrio, A Pound of Feathers oscila
constantemente entre dos polos. En el lado más volátil, el primer single “Profane Prophecy”
irrumpe con actitud y energía a raudales, representando el yin más ligero del álbum.
En el otro extremo aparece el peso específico del disco, que se manifiesta en momentos más
densos y atmosféricos repartidos a lo largo del tracklist . Ese proceso culmina en el tema que
cierra el álbum, “Doomsday Doggerel” , donde el yang se impone con un final sombrío y
evocador que recuerda que la banda todavía sabe sonar peligrosa. Entre ambos polos, el
álbum se mueve entre la fiesta rocanrolera y una melancolía que se filtra en pequeñas grietas.
Por supuesto, A Pound of Feathers no es una reinvención total. ¿Continuismo? En parte, sí.
Pero lo que realmente transmite el álbum es convicción. The Black Crowes no intentan
redefinir su lenguaje ni romper con su ADN, pero tampoco se limitan a repetirlo con piloto
automático. Aquí hay oficio, hay un amor evidente por el rock’n’roll, y la sensación de que los
hermanos Chris Robinson y Rich Robinson siguen creyendo plenamente en lo que hacen. Y
ahora sí, dejemos de sobrevolar el álbum y lancémonos en picado al meollo de la cuestión: las
canciones.
El álbum arranca sin preámbulos con “Profane Prophecy». Todo empieza con un riff
contagioso que inevitablemente recuerda al de “Start Me Up” de los Rolling , una declaración
de intenciones que coloca el disco desde el primer segundo en territorio festivo. Sobre ese
esqueleto rítmico empiezan a sumarse pequeños detalles que dan carácter al tema: pandereta,
palmas y ese cowbell, el cencerro metálico que marca el pulso con un golpe seco y
sorprendentemente lleno de alma. Es curioso cómo un recurso tan simple puede aportar tanto
feeling.
contagioso que inevitablemente recuerda al de “Start Me Up” de los Rolling , una declaración
de intenciones que coloca el disco desde el primer segundo en territorio festivo. Sobre ese
esqueleto rítmico empiezan a sumarse pequeños detalles que dan carácter al tema: pandereta,
palmas y ese cowbell, el cencerro metálico que marca el pulso con un golpe seco y
sorprendentemente lleno de alma. Es curioso cómo un recurso tan simple puede aportar tanto
feeling.
En medio de ese groove aparece Chris Robinson, con una interpretación vocal desafiante,
vacilona y divertida, salpicada de pequeños ad-libs y esos “uh… uhhhh” que parecen invitar a la
fiesta. La canción va creciendo hasta una línea vocal previa al estribillo que es puro subidón,
como la sensación de estar llegando a la mejor fiesta de tu vida justo cuando empiezas a oír la
música desde la calle.
vacilona y divertida, salpicada de pequeños ad-libs y esos “uh… uhhhh” que parecen invitar a la
fiesta. La canción va creciendo hasta una línea vocal previa al estribillo que es puro subidón,
como la sensación de estar llegando a la mejor fiesta de tu vida justo cuando empiezas a oír la
música desde la calle.
El remate llega con una gang vocal acompañada de palmas que repite el verso que da título al
álbum, “a pound of feathers or a pound of lead”, una frase que Chris Robinson tomó de un
viejo sample de la banda Broadcast y que resume bien la lógica del disco: a veces dos cosas
aparentemente opuestas pesan exactamente lo mismo. El resultado es un arranque irresistible
y el manifiesto del disco… ¡toda una declaración de intenciones!
álbum, “a pound of feathers or a pound of lead”, una frase que Chris Robinson tomó de un
viejo sample de la banda Broadcast y que resume bien la lógica del disco: a veces dos cosas
aparentemente opuestas pesan exactamente lo mismo. El resultado es un arranque irresistible
y el manifiesto del disco… ¡toda una declaración de intenciones!
Le sigue “Cruel Streak” , bajando ligeramente el tempo, lo que le permite asentarse en un
groove más pesado y elástico. El riff principal comparte incluso cierto pulso con “Black Dog” de
Led Zeppelin, aunque aquí aparece envuelto en un aire más funk. El órgano aúlla por detrás, la
base rítmica se sacude con soltura y Chris Robinson se mueve con comodidad en un estribillo
que gira alrededor de la frase central del tema: “You need a cruel streak if you wanna play nice
with me!”. Musicalmente el tema funciona como un pequeño ejercicio de equilibrio entre
músculo y groove, con guitarras que aprietan y una sección rítmica que mantiene el cuerpo de
la canción siempre en movimiento.
groove más pesado y elástico. El riff principal comparte incluso cierto pulso con “Black Dog” de
Led Zeppelin, aunque aquí aparece envuelto en un aire más funk. El órgano aúlla por detrás, la
base rítmica se sacude con soltura y Chris Robinson se mueve con comodidad en un estribillo
que gira alrededor de la frase central del tema: “You need a cruel streak if you wanna play nice
with me!”. Musicalmente el tema funciona como un pequeño ejercicio de equilibrio entre
músculo y groove, con guitarras que aprietan y una sección rítmica que mantiene el cuerpo de
la canción siempre en movimiento.
Con “Pharmacy Chronicles” el disco gira bruscamente el timón y encuentra su primer
momento de respiro. El tempo se relaja, las guitarras acústicas se vuelven más protagonistas y
el tema se despliega como una balada de aire reflexivo. Chris Robinson abandona aquí el tono
festivo de los temas anteriores y adopta una interpretación más contenida. La canción crece
sobre una melodía elegante mientras piano y arreglos sutiles sostienen un estribillo de
vocación épica.
momento de respiro. El tempo se relaja, las guitarras acústicas se vuelven más protagonistas y
el tema se despliega como una balada de aire reflexivo. Chris Robinson abandona aquí el tono
festivo de los temas anteriores y adopta una interpretación más contenida. La canción crece
sobre una melodía elegante mientras piano y arreglos sutiles sostienen un estribillo de
vocación épica.
En el centro del tema aparece uno de los versos más reveladores del disco, “Let the demons
find you”, que según el propio Robinson resume buena parte de las ideas del álbum. Más que
una celebración del exceso, “Pharmacy Chronicles” es una reflexión sobre cómo convivir con
las sombras sin dejar de seguir adelante. En ese sentido, introduce de forma clara la cara más
introspectiva de A Pound of Feathers.
find you”, que según el propio Robinson resume buena parte de las ideas del álbum. Más que
una celebración del exceso, “Pharmacy Chronicles” es una reflexión sobre cómo convivir con
las sombras sin dejar de seguir adelante. En ese sentido, introduce de forma clara la cara más
introspectiva de A Pound of Feathers.
“Do The Parasite!” introduce un momento más desenfadado dentro del disco. El tema apuesta
por un tono festivo y algo irreverente, con una energía juguetona que parece pensada más
para el escenario que para una escucha detenida. Su espíritu gamberro y su aire casi de
consigna rockera encajan con la tradición más canalla de The Black Crowes. No es
necesariamente el momento más memorable de A Pound of Feathers, pero sí aporta una
pequeña descarga de desparpajo.
por un tono festivo y algo irreverente, con una energía juguetona que parece pensada más
para el escenario que para una escucha detenida. Su espíritu gamberro y su aire casi de
consigna rockera encajan con la tradición más canalla de The Black Crowes. No es
necesariamente el momento más memorable de A Pound of Feathers, pero sí aporta una
pequeña descarga de desparpajo.
Con “High and Lonesome” el álbum vuelve a abrir su paleta sonora. A primera vista el título
podría hacer pensar en otro ejercicio de rock clásico, pero el tema sorprende por su atmósfera
más brumosa y melódica. La canción respira un aire casi sesentero, reforzado por la presencia
de violines que aportan una textura inusual dentro del disco que flotan sobre la base rítmica y
amplían el paisaje emocional del tema.
podría hacer pensar en otro ejercicio de rock clásico, pero el tema sorprende por su atmósfera
más brumosa y melódica. La canción respira un aire casi sesentero, reforzado por la presencia
de violines que aportan una textura inusual dentro del disco que flotan sobre la base rítmica y
amplían el paisaje emocional del tema.
Confieso que, mientras la escucho en este momento, es probablemente mi canción favorita
del disco… aunque sospecho que solo hasta dentro de un rato, cuando vuelva a sonar otra y le
robe el puesto. Tiene ese tipo de encanto inmediato que hace que uno la escuche con una
sonrisa y quiera volver a ponerla nada más terminar.
del disco… aunque sospecho que solo hasta dentro de un rato, cuando vuelva a sonar otra y le
robe el puesto. Tiene ese tipo de encanto inmediato que hace que uno la escuche con una
sonrisa y quiera volver a ponerla nada más terminar.
“Queen of the B-Sides” aparece como una pequeña miniatura dentro del disco. En poco más
de dos minutos despliega una historia breve sostenida por guitarras acústicas y un aire
ligeramente country que recuerda a las caras B más narrativas del rock clásico. La canción
entra, cuenta lo que tiene que contar y desaparece antes de que uno tenga tiempo de
acomodarse, lo que le da un encanto especial.
de dos minutos despliega una historia breve sostenida por guitarras acústicas y un aire
ligeramente country que recuerda a las caras B más narrativas del rock clásico. La canción
entra, cuenta lo que tiene que contar y desaparece antes de que uno tenga tiempo de
acomodarse, lo que le da un encanto especial.
Con “It’s Like That” el disco vuelve a un terreno más crudo y rítmico. El tema se construye
sobre una línea de bajo contundente y guitarras cargadas mientras Chris Robinson adopta un
tono vocal directo y provocador, casi como si estuviera improvisando líneas en medio del
ensayo, acompañado por coros femeninos en plan gospel que amplían el color del estribillo y
refuerzan el carácter festivo del tema.
sobre una línea de bajo contundente y guitarras cargadas mientras Chris Robinson adopta un
tono vocal directo y provocador, casi como si estuviera improvisando líneas en medio del
ensayo, acompañado por coros femeninos en plan gospel que amplían el color del estribillo y
refuerzan el carácter festivo del tema.
La canción guarda además una pequeña excentricidad de estudio que conocemos gracias a la
nota de prensa del disco: durante el solo puede escucharse una rana real que Chris Robinson
grabó una noche en Nashville y que terminó colándose en la mezcla final. Un detalle que
encaja bien con el espíritu juguetón de la canción y con la sensación general de que el álbum
fue grabado con total libertad.
nota de prensa del disco: durante el solo puede escucharse una rana real que Chris Robinson
grabó una noche en Nashville y que terminó colándose en la mezcla final. Un detalle que
encaja bien con el espíritu juguetón de la canción y con la sensación general de que el álbum
fue grabado con total libertad.
Con “Blood Red Regrets” el disco entra en uno de sus territorios más “densos”. La canción se
mueve sobre un riff más pesado y contenido, casi con la cadencia de una marcha lenta,
creando una atmósfera que contrasta con los momentos más festivos del álbum. Chris
Robinson adopta aquí un tono más grave y reflexivo, narrando otra historia de relación
condenada al desgaste y al arrepentimiento. A pesar de su mayor densidad, el tema mantiene
una energía interna muy notable, algo que no es tan fácil de conseguir cuando el tempo se
vuelve más pesado y el clima más oscuro. Mi “favorita”.
mueve sobre un riff más pesado y contenido, casi con la cadencia de una marcha lenta,
creando una atmósfera que contrasta con los momentos más festivos del álbum. Chris
Robinson adopta aquí un tono más grave y reflexivo, narrando otra historia de relación
condenada al desgaste y al arrepentimiento. A pesar de su mayor densidad, el tema mantiene
una energía interna muy notable, algo que no es tan fácil de conseguir cuando el tempo se
vuelve más pesado y el clima más oscuro. Mi “favorita”.
El disco vuelve a girar hacia su vertiente más hedonista con “You Call This a Good Time” . El
tempo vuelve a levantarse y la canción recupera ese espíritu nocturno que forma parte del
ADN de The Black Crowes. Es una pequeña descarga de electricidad dentro del flujo del álbum
que funciona, aunque destaca menos en el conjunto.
tempo vuelve a levantarse y la canción recupera ese espíritu nocturno que forma parte del
ADN de The Black Crowes. Es una pequeña descarga de electricidad dentro del flujo del álbum
que funciona, aunque destaca menos en el conjunto.
“Eros Blues” es un tema que avanza con paso firme, apoyado en un sonido de órgano
inteligentemente dispuesto y en una interpretación vocal de Chris Robinson en la que asoma
cierta teatralidad que recuerda a la escuela de Robert Plant , aunque siempre filtrada por la
personalidad propia de The Black Crowes . Lo mejor queda reservado para el final: cuando
parece que la canción se apaga, un acelerón épico y la irrupción de coros de aire gospel
transforman lo que ya era un buen tema en uno de los momentos más destacados de todo el
álbum.
inteligentemente dispuesto y en una interpretación vocal de Chris Robinson en la que asoma
cierta teatralidad que recuerda a la escuela de Robert Plant , aunque siempre filtrada por la
personalidad propia de The Black Crowes . Lo mejor queda reservado para el final: cuando
parece que la canción se apaga, un acelerón épico y la irrupción de coros de aire gospel
transforman lo que ya era un buen tema en uno de los momentos más destacados de todo el
álbum.
El disco se cierra con “Doomsday Doggerel” , y aquí A Pound of Feathers muestra su cara más
inquietante. La canción avanza sobre uno de los riffs más sombríos del álbum, creando una
atmósfera cargada que parece mirar directamente hacia ese territorio de incertidumbre que ya
había asomado en otros momentos del disco. Chris Robinson canta con una mezcla de
determinación y fatalismo, como si estuviera observando el mundo desde una cierta distancia
irónica.
inquietante. La canción avanza sobre uno de los riffs más sombríos del álbum, creando una
atmósfera cargada que parece mirar directamente hacia ese territorio de incertidumbre que ya
había asomado en otros momentos del disco. Chris Robinson canta con una mezcla de
determinación y fatalismo, como si estuviera observando el mundo desde una cierta distancia
irónica.
Confieso que aquí ya no hay duda posible: esta sí es mi favorita . Hay algo en la combinación
de oscuridad, épica contenida y convicción interpretativa que termina provocando ese efecto
raro que a veces ocurre con la música: piel de gallina. Es sin duda el tipo de canción que uno
querría escuchar en el día del fin del mundo… una idea que, viendo cómo se están poniendo
las cosas últimamente, quizá ya no suene tan extravagante.
de oscuridad, épica contenida y convicción interpretativa que termina provocando ese efecto
raro que a veces ocurre con la música: piel de gallina. Es sin duda el tipo de canción que uno
querría escuchar en el día del fin del mundo… una idea que, viendo cómo se están poniendo
las cosas últimamente, quizá ya no suene tan extravagante.
Como cierre funciona además de manera muy significativa dentro de la trayectoria reciente del
grupo. Si Happiness Bastards terminaba con “Kindred Friend” , una canción que transmitía
unión y celebración compartida, “Doomsday Doggerel” parece mirar hacia un horizonte
mucho más incierto. No es un final celebratorio, sino algo más interesante: una canción que
deja el álbum suspendido en una sensación de inquietud, determinación y desafío frente a lo
que venga.
grupo. Si Happiness Bastards terminaba con “Kindred Friend” , una canción que transmitía
unión y celebración compartida, “Doomsday Doggerel” parece mirar hacia un horizonte
mucho más incierto. No es un final celebratorio, sino algo más interesante: una canción que
deja el álbum suspendido en una sensación de inquietud, determinación y desafío frente a lo
que venga.
Después de recorrer A Pound of Feathers canción a canción, queda la sensación de que The
Black Crowes han compuesto algo más que una simple continuación de su legado. No hay aquí
una reinvención radical ni falta que hace. Lo que sí hay es convicción y una energía que en
ningún momento suena a nostalgia.
Black Crowes han compuesto algo más que una simple continuación de su legado. No hay aquí
una reinvención radical ni falta que hace. Lo que sí hay es convicción y una energía que en
ningún momento suena a nostalgia.
Lo mejor quizá esa sea la verdadera lógica detrás del título: un kilo es un kilo, ya sea de plumas
o de plomo. Ligereza y peso, celebración y sombra, fiesta y reflexión. A Pound of Feathers se
mueve constantemente entre esos polos, con canciones que respiran vida y nos dejan la
agradable sensación de que todavía queda mucho por decir.
o de plomo. Ligereza y peso, celebración y sombra, fiesta y reflexión. A Pound of Feathers se
mueve constantemente entre esos polos, con canciones que respiran vida y nos dejan la
agradable sensación de que todavía queda mucho por decir.
Dr. Reifstein




