CD REVIEW: LACRIMAS PROFUNDERE – “Bleeding The Stars”

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Artista: LACRIMAS PROFUNDERE
Álbum: Bleeding the Stars
Sello: SPV / Steamhammer / Oblivion Recors
Fecha: 26 de julio de 2019
Nota: 9’5/10

Alemania es uno de los grandes hervideros de bandas de metal industrial, gótico y similares, por eso no es de extrañar que ante la enorme oferta que viene del país teutón, muchas veces haya bandas que no hagan mucho ruido pero lleven ya un buen puñado de años sobre las tablas, y sobre todo, que hagan unos discos de una calidad que considero incuestionable.

Una de estas bandas es Lacrimas Profundere. Tras un nuevo cambio de vocalista (Rob Vitacca no terminó la gira del “Hope is Here”, anunciando su marcha de la banda y poniendo a andar su propio proyecto, The Alligator Wine), Julian Larre posee un registro diferente, algo más grave en voces limpias pero también unos guturales agresivos, de esos que sonaban en los primeros discos de la banda, que está compuesta ahora mismo, además del citado vocalista, por Oliver Nicholas Schmid a la guitarra y Dominik Scholz a la batería, la formación ahora como trío vuelve a la carga con un disco bajo el brazo que, tras varias escuchas, creo que es un auténtico bombazo titulado “Bleeding the Stars”.

Y, ¿por qué tras varias escuchas? Pues porque ya me sucedió hace un par de discos (“Antiadore”), que fue un disco que de primeras no me entró por completo, y a medida que lo iba escuchando le iba cogiendo el gusto, por lo que ya con su anterior trabajo (“Hope is Here”) decidí escucharlo varias veces antes de opinar sobre el mismo, y en este caso, tras el primer adelanto (“Father of Fate”) podía parecer que iba a ser un disco directo, pero tras escuchar el segundo adelanto del disco (“Like Screams in Empty Halls”) esa sensación desapareció en cierta medida, viendo que nuevamente iba a ser un disco que iba a requerir varias escuchas antes de poder decir algo al respecto, y lo confirmé con el tercer adelanto del mismo, “The Kingdom Solicitude”.

Así pues, entramos en materia con “I Knew and Will Forever Know”, un corte que abre el disco a las mil maravillas, comenzando con unas guitarras que crean un ambiente perfecto para la entrada de Julian a la voz, con registro limpio, acompañado de un solo de guitarra, en el momento que entra la batería comienzan los primeros guturales del disco, y es de destacar la gran presencia que vamos a tener de guturales en este disco. Si bien es cierto que en alguno de los últimos trabajos con Rob Vitacca pudimos escuchar guturales (ese pequeño fragmento a gutural de “My Release in Pain” por ejemplo), también lo es que llevaban muchos años sin estar tan presentes como en este disco, lo que nos lleva a darnos cuenta rápidamente que, si bien es cierto que en los dos últimos álbumes de la formación germana se rescataba un poco de ese sonido más clásico, que coquetea descaradamente con el doom metal, en este disco no es un rescate parcial, volviendo a contemplar ese sonido que marcó los primeros discos de la banda, sin renunciar a ese otro sonido que tira más a un gothic metal, cañero y muy oscuro.

Seguimos con “Celestite Woman”, una canción que de primeras puede pasar un poco desapercibida pero a medida que escuchas el disco acaba por ser una de las que más veces se lleva el replay que se le suele dar a una canción cuando te gusta lo que escuchas. Un corte que se va a ese sonido más cercano al gothic metal, con su parte más cañera que en el corte anterior, con unas guitarras algo más agresivas y con voz limpia en su totalidad, mostrando la versatilidad del nuevo cantante de la formación. Respecto a Julian debo reconocer que de entrada no me terminó de gustar el cambio (también debo decir que la voz de Rob Vitacca me encantó desde el primer momento) y tenía cierto temor con este disco en ese aspecto, pero en la primera escucha y tras esta canción mi opinión al respecto varió, pues en sólo dos canciones ya se puede ver que el fichaje es más que acertado, ya que puede interpretar canciones como “Hope is Here”, así como clásicos antiguos de la banda como “Solicitude, Silence” por ejemplo.

Seguimos con el que fue el tercer adelanto del álbum, “The Kingdom Solicitude”, y creo que sólo se me ocurre una forma de definir este corte: grandísima canción. Y me lo parece desde que pude ver el vídeo el día del estreno en YouTube y en ese mismo día la escuché un buen número de veces. Tiene de todo en todos los aspectos, un ritmo fácil de seguir con unas guitarras que juegan a las mil maravillas con la distorsión y la fuerza que aportan a la canción según la estrofa o el estribillo, y sobre todo, una master class por parte del cantante que es una verdadera barbaridad. Esta canción también me hizo curiosear quien se encargaba de las composiciones, puesto que quien haya seguido la trayectoria de la formación seguramente habrá encontrado elementos fácilmente reconocibles, y pude confirmar que gran parte de las composiciones del álbum han sido llevadas a cabo por el primer cantante de la banda, Christopher Schmid, hermano del guitarrista, ambos fundadores de la formación.

Entramos en un binomio del que vamos a hablar en un solo párrafo, porque el contraste que hacen entre sí (y porque en la primera de las dos citan el título de la segunda) es simplemente espectacular, hablamos de “Mother of Doom” y “Father of Fate”, lo que ha terminado por convertirse en mi parte favorita del álbum, ya que ambas son como la cara y cruz de ese sonido que citaba hace unas pocas líneas.

“Mother of Doom” hace honor a la última palabra de su título, con un sonido con cierto aire de pesadez pero sin llegar a caer en ese doom metal propiamente dicho. El ritmo es lento en comparación con la siguiente canción pero esas guitarras distorsionadas le dan un aire diferente y, sobre todo, la entonación sombría en voces limpias del cantante hace el resto para crear una atmósfera excepcional. La contrapartida a este corte, como decía, es “Father of Fate”, canción de la que poco se puede hablar ya que fue el primer adelanto y hace ya varios meses que se estrenó, por lo que seguramente la mayoría de los que estéis leyendo estas líneas la tengáis más que escuchada. Una canción directa, potente, cañera, con unas guitarras contundentes, con voz limpia en las estrofas pero con mayor peso de los guturales en los estribillos, siendo un single inmejorable, y como decía, la contrapartida a “Mother of Doom”, ya que si una es una canción más lenta, más densa y menos agresiva, “Father of Fate” es todo lo contrario, y este contraste entre ambos temas me ha encantado desde el primer momento.

Seguimos con “Like Screams in Empty Halls”, el segundo adelanto del álbum y que, al igual que “Father of Fate”, lleva tanto tiempo circulando que estará más que escuchado, pero también el estar justo después de un contraste como el de los dos temas anteriores ayuda a entender lo que decía al inicio, ya que sin dejar de ser una buena canción, se queda algo descafeinada, aunque estoy seguro que si no hubiese sido usada como segundo single (yo habría usado “Mother of Doom”) la canción, al menos a mí, me habría convencido algo más de lo que lo hace. Como digo una buena canción, que usa un buen puñado de recursos de la banda, con algún gutural y un juego de guitarras muy interesante, pero que aun así me deja con la sensación de que le falta algo para ser tan rompedora como las anteriores, aunque esto ya se sabe que para gustos los colores.

El siguiente corte, “The Reaper”, quizá sea una buena muestra de lo que comentaba con el anterior, ya que en cuanto a ritmo anda similar y el juego de guitarras también guarda cierto parecido, es un tema que se hace completamente a voz limpia y sin embargo sí tiene ese punto que le da cierto toque potente y rompedor, en este caso, y para mi gusto, se lo aporta el estribillo, entrando con un agudo del cantante en el momento en que las guitarras cambian y se tornan más afiladas. La estructura del corte es muy parecida a la del caso anterior, pero como digo, ese punto en los estribillos le otorga ese plus que echaba en falta en el tema anterior.

Encaramos la recta final del álbum con “After All Those Infinities”, una canción que acelera el ritmo en relación a las dos anteriores en el inicio del mismo, donde tenemos de nuevo presencia de teclados, todo para dar paso a una primera estrofa que parece que se hace a dos voces, desdoblando la voz de Julian y desembocando en un estribillo espectacular, con una combinación de sonidos magistral que nos recuerdan a los últimos discos de Lacrimas Profundere, lo que pone de manifiesto lo que decía al inicio que rescatan con mayor intensidad ese sonido más clásico de la formación sin renunciar al sonido logrado en los últimos trabajos.

“A Sip of Multiverse” es un corte que se inicia con un sonido casi atmosférico, recordando mucho a algunas canciones de los últimos trabajos con Rob Vitacca. El estribillo eleva el sonido de este tema casi a la categoría de obra maestra, regalándonos dos canciones donde ya terminan de confirmar ese camaleón vocal que es Julian Larre, adaptándose a cualquier cosa y mostrando que ya sea de la etapa de Christopher Schmid o de la etapa del ya citado Rob Vitacca, este cantante es capaz de interpretar cualquier canción de Lacrimas Profundere que incluyan en el set-list, y lo vemos porque si en el tema anterior había momentos que la voz parecía casi la del primer cantante de la formación, en este tema por momentos parece la de su predecesor en el puesto.

Cierra el disco “A Sleeping Throne”, un tema que sigue con la estela del corte anterior pero haciendo esa combinación vocal que puede mostrar Julian Larre en voces limpias, teniendo pasajes más agudos y otros más graves, doblando voces incluso dando la sensación de que hay dos cantantes diferentes entonando a la vez. Sin duda, un cierre magistral para un disco que, pese a que las expectativas que tenía con el nuevo trabajo de Lacrimas Profundere eran altas, me ha sorprendido muy gratamente.

En conclusión: un grandísimo disco. Hay muchos lanzamientos muy potentes ya este año, y todavía quedan a buen seguro muchos por escuchar, pero para quien les escribe estas líneas, este disco va a estar sin sombra de duda en el top-3 del año; algo que me entusiasme mucho tiene que salir para sacar este “Bleeding the Stars” de mi particular podio de discos del año. Un disco que tiene todo, pero sin perder la esencia de ese sonido del que Lacrimas Profundere siempre han hecho gala, y sin duda lo más importante que tiene es precisamente eso, ya que los cambios sufridos son profundos e importantes (gran parte de la personalidad que tiene esta formación recae en el trabajo vocal), y haber logrado no solo mantener esa esencia, sino reforzarla como lo han logrado en este álbum es digno de admiración. Sin duda la elección de un nuevo cantante nunca es tarea fácil y más cuando has tenido en tus filas a verdaderos animales escénicos, pero creo que la elección ha sido un completo acierto, y sólo nos queda por comprobar si en el directo se maneja con la misma soltura mostrada en el estudio, pero si de algo estoy seguro es de que va a ser así, ya que tras verles varias veces en directo, nunca ha habido un tema que a nivel vocal me haya sonado muy diferente respecto al disco como para pensar que han empleado auto tune o alguna otra herramienta para lograr el resultado final. Un gran disco, un retorno pisando fuerte de Lacrimas Profundere, y un buen puñado de nuevas y muy buenas canciones, creo que el trabajo es perfecto en ese sentido y sólo puedo decir que Oliver Nicholas Schmid lo ha vuelto a hacer, cuando parece que ha sacado un gran disco (“Hope is Here” me lo pareció) y que están tocando techo, llega con otro disco que lo logra superar, demostrando que aún tienen mucho que ofrecer.

Joseph Draven

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