CD REVIEW: JORDAN RUDESS – “Wired For Madness”

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Artista: Jordan Rudess
Álbum: Wired For Madness
Sello: Music Theories Recordings / Mascot Label Group
Fecha: 15 de marzo de 2019
Nota: 9/10

El nombre de Jordan Rudess, lo primero que nos traerá a la mente a la mayoría, seguramente, sea Dream Theater, banda por excelencia del progresivo, pero si pensamos en Jordan Rudess fuera de Dream Theater, resulta una verdadera misión imposible decir en qué género se mueve, ya que con toques de rock progresivo, de blues, de clásica, cosas de una parte y de otra, el sonido de Jordan Rudess es algo único, y este “Wired for Madness” es el máximo exponente de esto que comentamos.

Elegido en el año 2012 como el mejor teclista de todos los tiempos, poca presentación necesita el músico natural de Nueva York, que a sus 62 años tiene una dilatada trayectoria a sus espaldas, destacando ya desde antes de su entrada en Dream Theater a finales de los años 90 del pasado siglo.

Resulta harto complicado definir en pocas palabras el disco que nos vamos a encontrar, ya que tiene una infinidad de giros, de matices, de elementos… Es una verdadera obra maestra, con un nivel de complejidad que llega a abrumar pero donde una cosa queda clara, el compositor es un verdadero genio de la música. Además se ha sabido rodear de un elenco de músicos de talla mundial, con algunos nombres como James LaBrie, Joe Bonamassa o John Petrucci, que le dan ese plus al disco para que suba a la categoría de obra maestra.

Rápidamente vamos a poder ver la vorágine a la que nos enfrentamos con los dos primeros cortes, una historia dividida en dos canciones (“Wired for Madness – Part 1” y “Wired for Madness – Part 2”), una media hora de delirio musical que resulta exquisito al oído del oyente. La inmensa cantidad de sonidos que emplea, de recursos, matices, elementos… Resulta casi imposible describir con palabras lo que se va a escuchar. La forma que tiene de jugar con las guitarras y los sintetizadores es realmente deliciosa, la forma de cambiar el ritmo varias veces en un lapso de tiempo relativamente corto es ciertamente sorprendente, la combinación de voz masculina y femenina que usa es excelente, pero lo que más puede llamar la atención y, a mi juicio, es lo que hace de estos dos cortes algo realmente excepcional, que es pasar de rock a blues con una naturalidad que prácticamente ni te das cuenta de esos cambios tan ligeramente radicales que hay. Una muestra de cómo una tormenta de ideas puede coger sentido y convertirse en algo excepcional, brillando y rozando la perfección, logrando ofrecer un resultado extremadamente difícil de superar. Bien es cierto que de entrada pensar que estas dos canciones ocupan ya casi la mitad del tiempo del disco puede resultar una verdadera burrada, pero es media hora de música que se hace hasta corta, donde simplemente hay que dejarse llevar por el delirante mundo que propone Jordan Rudess, y disfrutar de cada elemento, de cada nota, de cada acorde que suene por los altavoces, dejarse sorprender por las rupturas de sonido que hay para pasar a unos elementos muy diferentes de los que estaban sonando apenas segundos antes… En definitiva, media hora de complejidad musical extrema pero enlazada como solo los grandes maestros son capaces de enlazar, cuadrar un montón de cosas que, a priori, pueden parecer tan diferentes que no tenga ningún tipo de sentido, dotarlas de un hilo conductor y crear una verdadera animalada de canción (aunque esté dividida en dos partes), todo esto es lo que se oculta bajo el título “Wired for Madness”.

Entrando ya en duraciones más normales (entre cuatro y seis minutos) tenemos los otros 6 cortes del álbum, empezando por “Off The Ground”, que se inicia con un teclado y un cello con cierto toque relajante para dar entrada a la batería y la voz masculina en una canción que se va a desempeñar con estos elementos durante la mayor parte de su duración, una especie de acústico que, tras la tormenta sonora que hemos tenido anteriormente, se llega incluso a agradecer, para poder tener ese momento de tranquilidad y de poder disfrutar de la música en un contexto muy diferente al pintado anteriormente. No hay que perder de vista el solo de guitarra, ya que además de entrar a la perfección es una verdadera joya.

Seguimos con “Drop Twist”, un corte donde volvemos a esa locura de sonidos del inicio del álbum aunque en una canción bastante más corta que los casos iniciales. Nuevamente vamos a ver un juego de sonidos tan abrumador como magistral, con el juego de ritmos y cambio de percusión que le da ese punto de fuerza a la canción, que es totalmente instrumental, pero que tiene una vez más ese hilo conductor que recae sobre los teclados y los sintetizadores, donde Jordan Rudess se desata por completo y muestra un virtuosismo que deja patente por qué está considerado como uno de los mejores a nivel global.

“Perpetual Shine” va a jugar de nuevo con los sonidos, con un aire que le da un toque diferente a lo anterior pero sin perder un solo ápice de la excelencia vista hasta ahora. Nuevamente el hilo conductor de la canción recae sobre los teclados pero sacando una variante de sonidos distinta a la canción anterior, logrando así hacer algo totalmente diferente y mantener ese nivel de expectación que despierta cada segundo del disco. Otro punto muy a favor de estos cortes es que, a pesar de ser completamente instrumentales, en ningún momento se echa de menos algún compás vocal, algún tipo de lírica que acompañe a las melodías que vamos escuchando, pero no porque sepamos que estamos ante una composición puramente instrumental, más bien es que la canción tampoco pide una voz, y esto es lo que me parece destacable.

“Just Can’t Win” es un blues puro y duro, se inicia con ese ritmo lento y ese sonido de blues sucio de los suburbios de Nueva Orleans, juega a la perfección ya no solo con el ritmo y el sonido, además con un vocalista que encaja a las mil maravillas entonando perfectamente cada nota, logrando así un tema que rompe por completo con lo anterior pero que sigue siendo excelente, y aún más que eso, me ha parecido el mejor de todo el álbum, ya que aun manteniendo ese alma de blues, el sintetizador que escuchamos haciendo las veces de solo en lugar de la guitarra (que sería lo habitual) nos deja claro que seguimos escuchando una obra de Jordan Rudess. Un tema magistral sin duda alguna.

Encaramos la recta final de un disco excepcional con “Just for Today”, una canción que de nuevo va a tomar un corte más ambiental, con un teclado relajante, un ritmo más suave y una línea vocal muy melódica que ayuda a crear esa atmósfera relajada sin renunciar a jugar con el sonido como llevamos viendo en todo el álbum, con puntos en la línea de bajo realmente excelentes, logrando de nuevo un corte que sigue manteniendo la categoría de excelente.

Cierra el disco “Why I Dream”, seis minutos de éxtasis musical al más puro estilo Rudess. Un broche maravilloso y que mantiene lo visto hasta ahora, un juego sonoro de lo más completo y complejo, con una línea vocal exquisita y gran presencia de teclados, aunque aquí por momentos el bajo le disputa el protagonismo. Nuevamente vamos a tener esas variantes en el sonido en la misma canción, incluyendo una especie de “duelo de solos” entre el sintetizador y el teclado pasada la mitad de la canción, enriqueciendo si cabe aún más el ya de por sí muy rico sonido que tenemos entre manos.

Un disco, como decía, excelente y que no se puede juzgar de una sola escucha, que requiere muchas y con la mayor calma posible, ya que es tal la magnitud que alcanza que se hace difícil captarlo en todo su esplendor a la primera. Una verdadera vorágine de sonidos, con una infinidad de elementos y recursos cuadrados con una maestría innata y unas composiciones exquisitas y exigentes que logran un resultado espectacular. No se puede definir con un adjetivo que no sea “uno de los discos del año”.

Este trabajo de Jordan Rudess, escapando de las garras del progresivo pero sin renunciar a elementos del mismo que le aportan lo que necesita al sonido, y abrazando una buena variedad traída de estilos como el blues,  es de los que, para saber qué contiene realmente, lo imprescindible será escucharlo detenidamente.

Joseph Draven

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